sábado, 7 de abril de 2012

Cherry Blossoms.

La temporada de los cerezos en flor, conocida en Japón como "sakura", ha llegado y rescatado el espíritu festivo de millones de japoneses, que estos días disfrutan de una de sus mayores tradiciones.
Según la Agencia nipona de Meteorología, el 6 de abril fue el día de  floración máxima en los cerezos de Tokio, una semana después de lo esperado debido al frío que azotó la capital el último mes, mientras que en el noreste del país se retrasará una semana más.
Son días en los que el habitual rigor da paso a una mayor espontaneidad y grupos de amigos, compañeros de trabajo y familias se reunen para celebrar multitudinarios Hanami (costumbre tradicional japonesa de observar, y disfrutar, de la belleza de las flores, asociada generalmente al periodo en el que florecen los cerezos).
Durante estos días los jardines de la capital regalan hermosos escenarios oníricos, en los que todo el mundo intenta conseguir un espacio para celebrar agradables picnis diurnos y nocturnos.

En las empresas, es habitual que tras la jornada laboral los empleados peregrinen hacia los espacios que han madrugado a reservar sus compañeros novatos (colocando una lona azul en los parques), cargados con aperitivos, cervezas, sake e incluso mantas para paliar el frío y disfrutar de un agradable Yozakura (hanami nocturno).
Además, en el periodo de poco más de una semana que duran estas celebraciones, los parques cuentan con puestos de comida ambulantes y se decoran con farolillos y focos, que alumbran los árboles para que en ningún momento se deje de admirar la evolución cromática de esta fiesta en honor a la belleza efímera.
La floración de estos árboles está entre los grandes atractivos turísticos de Japón, por ello sus tiendas, restaurantes y centros comerciales ofrecen durante esos días productos temáticos, y en su decoración predomina el rosa característico de las flores de cerezo.

Como muchas otras celebraciones, tanto en Japón como en cualquier otro país, la fiesta del Hanami se inició gracias a la creencia popular de que en el tronco de los cerezos habitaba una divinidad a la que había que rendir tributo. Siendo el arroz la base de la alimentación japonesa, al comenzar la siembra del cereal, a principios de abril, los japoneses realizaban antiguamente un ritual bajo los cerezos, en el cual agradecían a Dios por sus bondades y pedían la protección de sus cosechas frente a los desastres naturales.
Este animismo autóctono coincidió en el tiempo con la llegada a Japón de una costumbre nacida en la corte china que consistía en contemplar las flores con el fin de esparcir y cultivar el alma. Y fue así como creencia y entretenimiento se dieron la mano durante los primeros años de la era Heian (794-1185), cuando el emperador Saga decidió fundir la fiesta cortesana con la adoración pagana, y organizar un festín en el jardín de su palacio de Kyoto con ocasión del florecimiento de los cerezos.
Curiosamente en aquel festejo se brindó con sake, licor de arroz japonés, la misma bebida que ingerían los labradores para finalizar la ofrenda al dios que, según ellos, se escondía en el cerezo.
Nacida en los arrozales y sublimada en la corte, la fiesta del Hanami fue, durante siglos, un privilegio de la nobleza. Los emperadores japoneses solían rodearse de sus súbditos más allegados y sentados bajos los cerezos bebían, comían, conversaban y componían versos. La poesía fue, de hecho, uno de los elementos que engrandeció aún más la celebración, sobre todo los haiku, una composición poética de tres versos de 5,7 y 5 sílabas que siempre ha de incluir una referencia a la estación del año.
"Nuestros destinos
Siempre vivos
En el corazón del cerezo"
Este haiku pertenece a Matsuo Basho, una de las grandes figuras de la poesía japonesa de la era Edo (1603-1867), quien pudo observar cómo la práctica del Hanami se extendía a todos los estratos de la sociedad.
Desde luego cuando uno tiene la oportunidad de prestar atención a la tierna belleza que nos regalan estos árboles, recuerda fácilmente que no existe mayor fuente de inspiración para esparcir y cultivar el alma que la naturaleza.

Publicado por: Ondine

viernes, 6 de abril de 2012

Pacto de sangre

Cuento escrito por Mario Benedetti

A esta altura ya nadie me nombra por mi nombre: Octavio. Todos me llaman abuelo. Incluida mi propia hija. Cuando uno tiene, como yo, ochenta y cuatro años, qué más puede pedir. No pido nada. Fui y sigo siendo orgulloso. Sin embargo, hace ya algunos años que me he acostumbrado a estar en la mecedora o en la cama.
No hablo. Los demás creen que no puedo hablar, incluso el médico lo cree. Pero yo puedo hablar. Hablo por la noche, monologo, naturalmente que en voz muy baja, para que no me oigan. Hablo nada más que para asegurarme de que puedo. Total, ¿para qué? Afortunadamente, puedo ir al baño por mí mismo, sin ayuda.
Esos siete pasos que me separan del lavabo o del inodoro, aún puedo darlos. Ducharme no. Eso no podría hacerlo sin ayuda, pero para mi higiene general viene una vez por semana (me gustaría que fuese más frecuente, pero al parecer sale muy caro) el enfermero y me baña en la cama. No lo hace mal. Lo dejo hacer, qué más remedio. Es más cómodo y además tiene una técnica excelente. Cuando al final me pasa una toalla húmeda y fría por los testículos, siento que eso me hace bien, salvo en pleno invierno. Me hace bien, aunque, claro, ya nadie puede resucitar al muerto.
A veces, cuando voy al baño, miro en el espejo mis vergüenzas y nunca mejor aplicado el término. Mis vergüenzas. Unas barbas de chivo, eso son. Pero confieso que la toalla fría del enfermero hace que me sienta mejor. Es lo más parecido al «baño vital» que me recomendó un naturista hace unos sesenta años.  Era (él, no yo) un viejito, flaco y totalmente canoso, con una mirada pálida pero sabihonda y una voz neutra y sin embargo afable.
Me hizo sentar frente a él, me dio un vistazo que no duró más de un minuto, y de inmediato empezó a escribir a máquina, una vieja Remington que parecía un tranvía. Era mi ficha de nuevo paciente. A medida que escribía, iba diciendo el texto en voz alta, probablemente para comprobar si yo pretendía refutarlo. Era increíble. Todo lo que iba diciendo era rigurosamente cierto. Dos veces sarampión, una vez rubéola y otra escarlatina, difteria, tifus, de niño hizo mucha gimnasia, menos mal porque si no hoy tendría problemas respiratorios; várices prematuras, hernia inguinal reabsorbida, buena dentadura, etcétera.
Hasta ese día no me había dado cuenta de que era poseedor de tantas taras juntas. Pero gracias a aquel tipo y sus consejos, de a poco fui mejorando.
Lo malo vino después, con años y más años.
Años. No hay naturista ni matasanos que te los quite. Ahora que debo quedarme todo el tiempo quieto y callado (quieto, por obligación; callado, por vocación), mi diversión es recorrer mi vida, buscar y rebuscar algún detalle que creía olvidado y sin embargo estaba oculto en algún recoveco de la memoria. Con mis ojos casi siempre llorosos (no de llanto sino de vejez) veo y recorro las palmas de mis manos. Ya no conservan el recuerdo táctil de las mujeres que acaricié, pero en la mente sí las tengo, puedo recorrer sus cuerpos como quien pasa una película y detener la cámara a mi gusto para fijarme en un cuello (¿será el de Ana?) que siempre me conmovió, en unos pechos (¿serán los de Luisa?) que durante un año entero me hicieron creer en Dios, en una cintura (¿será la de Carmen?) que reclamaba mis brazos que entonces eran fuertes, en cierto pubis de musgo rubio al que yo llamaba mi vellocino de oro (¿será el de Ema?) que aparecía tanto en mis ensueños (matorral de lujuria) como en mis pesadillas (suerte de Moloch que me tragaba para siempre).
Es curioso, a menudo me acuerdo de partículas de cuerpo y no de los rostros o los nombres. Sin embargo, otras veces recuerdo un nombre y no tengo idea de a qué cuerpo correspondía. ¿Dónde estarán esas mujeres? ¿Seguirán vivas? ¿Las llamarán abuelas, sólo abuelas, y no habrá nadie que las llame por sus nombres?.
La vejez nos sumerge en una suerte de anonimato.
En España dicen, o decían, los diarios: murió un anciano de sesenta años. Los cretinos. ¿Qué categoría reservan entonces para nosotros, octogenarios pecadores? ¿Escombros? ¿Ruinas? ¿Esperpentos? Cuando yo tenía sesenta era cualquier cosa menos un anciano. En la playa jugaba a la paleta con los amigos de mis hijos y les ganaba cómodamente. En la cama, si la interlocutora cumplía dignamente su parte en el diálogo corporal, yo cumplía cabalmente con la mía. En el trabajo no diré que era el primero pero sí que integraba el pelotón. Supe divertirme, eso sí, sin agraviar a Teresa. He ahí un nombre que recuerdo junto a su cuerpo. Claro que es el de mi mujer. Estuvimos tantas veces juntos, en el dolor pero sobre todo en el placer. Ella, mientras pudo, supo cómo hacerlo. Puede ser que se imaginara que yo tenía mis cosas por ahí, pero jamás me hizo una escena de celos, esas porquerías que corroen la convivencia.
Como contrapartida, cuidé siempre de no agraviarla, de no avergonzarla, de no dejarla en ridículo (primera obligación de un buen marido), porque eso sí es algo que no se perdona. La quise bien, claro que con un amor distinto. Era de alguna manera mi complemento, y también el colchón de mis broncas. Suficiente. Le hice tres varones y una hembra. Suficiente. El ataque de asma que se la llevó fue el prólogo de mi infarto. Sesenta y ocho tenía, y yo setenta. O sea que hace catorce años. No son tantos. Ahí empezó mi marea baja. Y sigue. ¿Con quién voy a hablar? Me consta que para mi hija y para mi yerno soy un peso muerto. No diré que no me quieren, pero tal vez sea de la manera como se puede querer a un mueble de anticuario o a un reloj de cuco o (en estos tiempos) a un horno de misar.
No digo que eso sea injusto. Sólo quiero que me dejen pensar. Viene mi hija por la mañana temprano y no me dice qué tal papá sino qué tal abuelo, como si no proviniera de mi prehistórico espermatozoide. Viene mi yerno al mediodía y dice qué tal abuelo. En él no es una errata sino una muestra de afecto, que aprecio como corresponde, ya que él procede de otro espermatozoide, italiano tal vez puesto que se llama Aldo Cagnoli. Qué bien, me acordé del nombre completo. A una y a otro les respondo siempre con una sonrisa, un cabeceo conformista y una mirada, lacrimosa como de costumbre, pero inteligente. Esto me lo estoy diciendo a mí mismo, de modo que no es vanidad ni presunción ni coquetería senil, algo que hoy se lleva mucho. Digo inteligente, sencillamente porque es así.
También tengo la impresión de que ellos agradecen al Señor de que yo no pueda hablar (eso se creen). Imagino que se imaginan: cuánta cháchara de viejo nos estamos ahorrando. Y sin embargo, bien que se lo pierden. Porque sé que podría narrarles cosas interesantes, recuerdos que son historia. Qué saben ellos de las dos guerras mundiales, de los primeros Ford a bigote, de los olímpicos de Colombes, de la muerte de Batlle y Ordóñez, de la despedida a Rodó cuando se fue a Italia, de los festejos cuando el Centenario. Como esto lo converso sólo conmigo, no tengo por qué respetar el orden cronológico, menos mal.
Qué saben, ¿eh? Sólo una noticia, o una nota al pie de página, o una mención en la perorata de un político. Nada más. Pero el ambiente, la gente en las calles, la tristeza o el regocijo en los rostros, el sol o la lluvia sobre las multitudes, el techo de paraguas en la Plaza Cagancha cuando Uruguay le ganó tres a dos a Italia en las semifinales de Amsterdam y el relato del partido no venía como ahora por satélite sino por telegramas (Carga uruguaya; Italia cede córner; los italianos presionan sobre la valla defendida por Mazali; Scarone tira desviado, etc).  Nada saben y se lo pierden.
Cuando mi hija viene y me dice qué tal abuelo, yo debería decirle te acordás de cuando venías a llorar en mis rodillas porque el hijo del vecino te había dicho che negrita y vos creías que era un insulto ya que te sabías blanca, y yo te explicaba que el hijo del vecino te decía eso porque tenías el pelo oscuro, pero que además, de haber sido negrita, eso no habría significado nada vergonzoso porque los negros, salvo en su piel, son iguales a nosotros y pueden ser tan buenos o tan malos como los blanquísimos. Y vos dejabas de llorar en mis rodillas (los pantalones quedaban mojados, pero yo te decía no te preocupes, m'hijita, las lágrimas no manchan) y salías de nuevo a jugar con los otros niños y al hijo del vecino lo sumías en un desconcierto vitalicio cuando le decías, con todo el desprecio de tus siete años: che blanquito. Podría recordarte eso, pero para qué. Tal vez dirías, ay abuelo, con qué pavadas me venís ahora, a lo mejor no lo decías, pero no quiero arriesgarme a ese bochorno. No son pavadas, Teresita (te llamas como tu madre, se ve que la imaginación no nos sobraba), yo te enseñé algunas cosas y tu madre también. Pero por qué cuando hablás de ella decías, entonces vivía mamá, y a mí en cambio me preguntás qué tal, abuelo. A lo mejor, si me hubiera muerto antes que ella, hoy dirías, cuando vivía papá. La cosa es que, para bien o para mal, papá vive, no habla pero piensa, no habla pero siente.
El único que con todo derecho me dice abuelo es, por supuesto, mi nieto, que se llama Octavio como yo (al parecer, tampoco a mi hija y a mi yerno les sobraba imaginación).
Ahí está la clave. Cuando le digo Octavio.
Le digo. Porque con mi nieto es con el único ser humano con el que hablo, además de conmigo mismo, claro.
Esto empezó hace un año, cuando Octavio tenía siete. Una vez yo estaba con los ojos cerrados y, creyéndome solo, dije en voz no muy alta pero audible, carajo, me duele el riñón. Pero no estaba solo. Sin que yo lo advirtiera había entrado mi nieto. Pero abuelo, estás hablando, dijo con un asombro alegre que me conmovió. Le pregunté si había alguien en la casa y como dijo que no, que no había nadie, le propuse un convenio. Por un lado él mantenía el secreto de que yo podía hablar, y por otro, yo le contaría cuentos que nadie sabía. Está bien, dijo, pero tenemos que sellarlo con sangre. Salió y volvió casi enseguida con una hoja de afeitar, un frasco de alcohol y un paquete de algodón. Se las arregla muy bien y además conoce esos trámites desde que le dieron toda una serie de inyecciones con una vacuna contra la alergia. Con toda tranquilidad me hizo un tajito minúsculo y él se hizo otro, ambos en las muñecas, suficientes como para que salieran unas gotas de sangre, luego juntamos nuestras heridas mínimas y nos abrazamos. Octavio humedeció el algodón con un poco de alcohol, lo apoyó en ambas señales secretas hasta que no salió más sangre y salió corriendo a dejar todo su instrumental en el botiquín. Desde entonces, y siempre que quedamos solos en casa, algo que ocurre con frecuencia, él viene a que, en cumplimiento del pacto, le cuente cuentos desconocidos, inéditos. Cuando salen mi hija y mi yerno, le dicen a ver si cuidás al abuelo, y él responde que sí, con un gestito de fastidio para disimular, pero enseguida me hace un guiño cómplice, y no bien se escucha el portazo que garantiza nuestra intimidad, trae una silla, la coloca junto a mi mecedora o a mi cama y se queda a la espera de mis cuentos, que, como exigencia irrenunciable de nuestro pacto de sangre, deben ser totalmente nuevos.
Y ahí viene mi problema, porque buena parte del día me la paso con los ojos cerrados, como si durmiera, pero en realidad pergeñando el próximo cuento y cuidando hasta los mínimos detalles, ya que si en un cuento anterior el zorro se había lastimado una pata en una trampa y ahora anda corriendo en busca de gallinas, Octavio de inmediato me hace notar que aún no tuvo tiempo de curarse y entonces debo improvisar una fe de erratas oral y donde dije corre debe decir renquea. Y si el viejo brujo de la montaña se había quedado calvo por el esfuerzo de azotar diariamente a los gnomos del bosque y en un cuento posterior se peinaba mirándose en la laguna, Octavio enseguida observa, pero cómo, ¿no era calvo? Y ahí puedo salir un poco mejor del atolladero, ya que el brujo, por el mero hecho de ser brujo, puede, mediante un ensalmo, recuperar el pelo. Y el nieto pregunta si se da el caso que él quede pelado, también podrá recuperar el pelo.
Vos no, lo desengaño, porque no sos ni serás brujo. Y él dice qué lástima y tiene un poco de razón, porque si yo hubiera sido brujo también me habría hecho crecer el pelo que perdí sin remedio antes de los cincuenta.
No soy yo el único que narra, también él me cuenta lo que ocurre en el colegio, en la calle, en la televisión, en el estadio. Es hincha de Danubio y se asombra de que yo sea de Wanderers. Trato de hacer proselitismo, pero evidentemente no hay nadie capaz de convertirlo en tránsfuga. Entonces le cuento viejos partidos o jugadas célebres, como cuando Piendibeni le hizo el célebre gol al divino Zamora, o cuando el manco Castro usaba con alevosía su muñón en el área penal, o cuando el flaco García mantuvo invicta su valla (claro que los backs eran nada menos que Nazassi y Domingos da Guía) durante una rueda y media, o cuando Ghiggia hizo el gol de la victoria en Maracaná, o cuando o cuando o cuando, y él me escucha como a un oráculo y yo pienso qué suerte todavía puedo hablar para crear este asombro suyo y este placer mío. La verdad es que no recuerdo cómo eran mis hijos cuando tenían la edad que hoy tiene Octavio. El mayor murió.
¿Cuánto hace que murió Simón? Fue después de lo de Teresa. Al fin y al cabo ¿qué importa la fecha? Murió y se acabó. No tuvo hijos, creo, ¿o los habré olvidado? Nunca estoy seguro de mis lagunas, que a veces son océanos.
El segundo, Braulio, sí los tuvo, pero todos están en Denver, ¿qué habrá ido a hacer allí? La verdad es que no recuerdo. A veces manda fotos, tomadas con su encantadora Polaroid, o alguna postal, con un abrazo para el Viejo. Soy yo.
Él no me dice abuelo, me dice Viejo. Me cago en la diferencia.
Reconozco que una vez me mandó una radio a transistores. Todavía la tengo y a veces la oigo. Pero a menudo se queda sin pilas y tendría que pedirlas. Pero no pido nada. Nunca pido nada. Reconozco que soy un orgulloso de mierda, pero a esta altura no voy a reeducarme, ¿no es cierto? Total, el que me jodo soy yo, porque si la radio tuviera simples pilas, podría escuchar alguno que otro partido, no muchos porque los locutores en general me cansan con su entusiasmo fingido y sus fallas de sintaxis. También podría escuchar el Sodre cuando pasan música clásica, que es la única que digiero. La alegría que tuve aquella tarde en que pude escuchar el Septimino. Lo tenía en disco, hace tiempo, vaya a saber dónde está. Quizá lo de las pilas podría solucionarse, sin mengua de mi podrido orgullo, diciéndoselo a mi nieto, para que éste, en cumplimiento de nuestro pacto de sangre y guardando siempre nuestro secreto, le dijera a mi hija, mirá la radio del abuelo, está sin pilas, y entonces lo mandaran a la ferretería de la esquina para que me las trajera. Con eso alcanza. Yo las sé colocar, aunque a veces las pongo al revés y la radio no funciona. En alguna ocasión me ha llevado un buen cuarto de hora hallar la posición adecuada para las cuatro de 1,5 voltios, pero igual me sirve para entretenerme un poco.
¿Qué más puedo hacer? Leer, ya no puedo. Televisión, tampoco. Pero escuchar la radio o cambiarle las pilas, sí.
Mi tercer hijo se llama Diego y está en Europa, enseña en Zurich, me parece, sabe alemán y todo. Tiene dos hijas que también saben alemán, pero en cambio no saben español. Qué cagada, ¿verdad? Diego es menos escribidor que Braulio, y eso que su especialidad es la literatura, pero, naturalmente, la literatura suiza.
Para las navidades manda también su tarjeta, en la que las niñas ponen sus saludos pero en alemán. Yo no sé alemán, apenas un poco de inglés para defenderme en correspondencia comercial, de la que yo mismo me encargaba cuando era gerente de La Mercantil del Sur, Importaciones y Exportaciones. Digamos, frasecitas como "I acknowledge receipt of your kind letter", o "Very truly yours", lo suficiente para que los de allá puedan contestar "Dear sirs", o "Gentlemen". También ese hijo menor a veces me manda algún regalito, verbigracia un llavero suizo de 18 quilates. En esa ocasión sonreí, como diciendo qué lindo, pero en realidad pensando qué boludo, para qué quiero yo un llavero de oro 18, si estoy aquí semipostrado.  De modo que mis contactos con el mundo se reducen a mi hija, cuando entra y me dice qué tal abuelo, a mi yerno cuando ídem, de vez en cuando al médico, al enfermero cuando viene a lavar mis pelotas ya jubiladas, y también el resto de este cuerpo del delito. Bueno, y sobre todo, está mi nieto, que creo es lo único que me mantiene vivo.
Es decir, me mantenía. Porque ayer por la mañana vino y me besó y me dijo abuelo, me voy por quince días a Denver con el tío Braulio, ya que saqué buenas notas y me gané estas vacaciones. Yo no podía hablar (y no sé si hubiera podido, porque tenía un nudo en la garganta) ya que también estaban en la habitación mi hija y mi yerno y ni yo ni mi nieto íbamos a violar nuestro pacto de sangre. Así que le devolví el beso, le apreté la mano, puse un instante mi muñeca junto a la suya como testimonio de lo que ambos sabíamos, y sé que él entendió perfectamente cuánto lo iba a extrañar ya que no iba a tener a quién contarle cuentos inéditos. Y se fueron. Pero tres o cuatro horas más tarde volvió a entrar Aldo, y me dijo mire, abuelo, que Octavio no se fue por quince días sino por un año y tal vez más, queremos que se eduque en los Estados Unidos, así aprende desde niño el idioma y tendrá una formación que va a servirle de mucho. Él no se lo dijo porque tampoco lo sabía. No queríamos que empezara a llorar, porque él lo quiere mucho, abuelo, siempre me lo dice, y yo sé que usted también lo quiere, ¿no es así? Se lo vamos a decir por carta, aunque mi cuñado lo va a ir preparando. Ah, y otra cosa. Cuando ya se había despedido de nosotros, volvió atrás y me dijo, dale un beso al abuelo y que sepa que estoy cumpliendo nuestro pacto. Y salió corriendo. ¿Qué pacto es ese, abuelo?.
Cerré los ojos por pudor, aunque como siempre lagrimeo, nadie sabe nunca cuándo son lágrimas de veras, e hice un gesto con la mano como diciendo: cosas de niños. Él se quedó tranquilo y me abandonó, me dejó a solas con mi abandono, porque ahora sí que no tengo a nadie, y tampoco a nadie con quién hablar. Me tomó de sorpresa todo esto. Pero quizá sea lo mejor. Porque ahora sí tengo ganas de morir. Como corresponde a un despojo de ochenta y cuatro años. A mi edad no es bueno tener ganas de vivir, porque la muerte viene de todos modos y a uno lo toma de sorpresa. A mí no.
Ahora tengo ganas de irme, llevándome todo ese mundo que tengo en mi cabeza y los diez o doce cuentos que ya tenía preparados para Octavio, mi nieto. No voy a suicidarme (¿con qué?), pero no hay nada más seguro que querer morir. Eso siempre lo supe. Uno muere cuando realmente quiere morir. Será mañana o pasado. No mucho más. Nadie lo sabrá. Ni el médico (¿acaso se dio cuenta alguna vez de que yo podía hablar?) ni el enfermero ni Teresita ni Aldo. Sólo se darán cuenta cuando falten cinco minutos. A lo mejor Teresita dice entonces papá, pero ya será tarde. Y yo en cambio no diré chau, apenas adiosito con la última mirada. No diré ni chau, para que alguna vez se entere Octavio, mi nieto, de que ni siquiera en ese instante peliagudo violé nuestro pacto de sangre. Y me iré con mis cuentos a otra parte. O a ninguna.

Publicado por: Ondine y Peter.

jueves, 5 de abril de 2012

Si lo sé no nazco.



Ayer miércoles,  poco antes de las 9 de la mañana, Dimitris Christoulas se quitó la vida con una pistola en la Plaza Syntagma, en el centro de Atenas. Dejó la siguiente nota de suicidio.
 
"El gobierno de Tsolakoglou ha aniquilado toda esperanza para mi supervivencia, que estaba basada en una pensión muy digna que, yo solo, pagué durante 35 años sin ayuda del Estado. Y ya que mi avanzada edad no me permite un modo de responder activamente (aunque si un compañero griego fuera a coger un kalashnikov, yo estaría detrás de él), no veo otra solución que darle este final digno a mi vida, ya que no me quiero ver buscando en los cubos de basura mis medios de subsistencia. Creo que esa juventud sin ningún futuro se levantará algún día en armas y colgarán a los traidores de este país en la plaza Syntagma, justo como hicieron los italianos con Mussolini en 1945"
http://www.publico.es/internacional/428351/un-jubilado-se-suicida-frente-al-parlamento-griego

"The Tsolakoglou government has annihilated all traces for my survival, which was based on a very dignified pension that I alone paid for 35 years with no help from the state. And since my advanced age does not allow me a way of dynamically reacting (although if a fellow Greek were to grab a Kalashnikov, I would be right behind him), I see no other solution than this dignified end to my life, so I don’t find myself fishing through garbage cans for my sustenance. I believe that young people with no future, will one day take up arms and hang the traitors of this country at Syntagma square, just like the Italians did to Mussolini in 1945" http://www.athensnews.gr/portal/1/54580
Christoulas, de 77 años, se suicidó mientras estaba parado junto a un árbol en una de las zonas verdes de la plaza. Era un farmacéutico jubilado (vendió su farmacia en 1994) con una esposa y una hija.
Probablemente no sea el primero ni el último que llegue al límite de tomar semejante decisión, pero este hombre lo ha dejado tremendamente claro, la situación es desesperante, insostenible, inaguantable... y en su carta grita que quienes le llevaron a preferir la muerte fueron los políticos que gobiernan su país.
Actualmente, muchos comprendemos su posición porque también estamos conviviendo con esta crisis, que se ha propagado por toda Europa como una peste.
Fueron los grandes bancos y las grandes empresas las que dinamitaron las bases de la economía, es verdad, pero somos nosotros, la gente de a pie que trabaja, paga hipotecas a 40 años e intenta ahorrar, los que les hemos sostenido desde siempre, nosotros les dimos el poder que ostentaban y dejamos que jugaran con fuego y apostaran lo que tenían y lo que no, mientras todo iba bien. Debimos revelamos cuando empezó a ser evidente que esas corcho-latas redondas y esos miserables papeles verdes, azules, morados, amarillos etc, valían más de lo que debían valer, y ahora todo es un agobio constante. 
 


Los firmantes de esta entrada pensamos firmemente, desde que eramos solo unos niños, que este mundo sería mucho mejor sin basura, banqueros y políticos.
Hay gente enferma que mata por matar, psicópatas o drogadictos que en un momento dado pierden la cabeza y cometen barbaridades, pero estos son la escoria andante del mundo, ellos planean cada movimiento. Siempre intentando encontrar la manera más elaborada de vendernos un producto, que no necesitamos, y que solo a ellos beneficia. 
Por las mañanas, al ver el sol brillar por la ventana, ellos sonríen pensando que ya llega la hora de ostentar su poder y robar desde detrás de un escritorio de forma legal, cuando comen solo saborean la deliciosa comida al recordar alguna anécdota del trabajo, y antes de dormir (mientras otras personas rezan para que no les desahucien, para que este mes les paguen el sueldo, o para que Dios les de fuerza y esperanza para levantarse por la mañana), ellos hacen números mentalmente y sueñan con nuevas formas de hacerse más ricos, más poderosos. 
Pero no tienen poder, todo lo que tienen son papeles, corcho-latas, mentes infectas, probablemente una mansión con un jardín de tres hectáreas y seis automóviles (en la que ninguna persona decente querría poner un pie), pero carecen de valores, de conciencia y alma. 
No podemos seguir permitiendo esto, no podemos seguir esperando que personas totalmente incapacitadas para pensar en el bien general, tomen las decisiones adecuadas para que mejoren nuestras vidas.
Y lo más indignante de esta situación, es que todos estamos hartos de estos canallas que nos oprimen legalmente, y aunque nos manifestamos en contra de sus decisiones pacíficamente, aunque cada vez más personas gritan que ya no pueden más, a pesar de actos como el protagonizado por Dimitris Christoulas ayer, ellos continúan dirigiendo países, manejando sus multinacionales, exigiendo inyecciones de liquidez o "barra libre", cobrando sus sueldos y caminando con la frente muy alta por delante de nuestras narices, no hay justicia que recaiga sobre ellos. Malditos sin verguenzas. 
 ¿Y se va uno y viene otro?   ¡¡ Ya basta !!
  

Esta canción va para todos los seres viles de la Tierra.
(El vídeo no me gusta, y por eso no está en la entrada de marzo, me pareció que con la letra era más que suficiente. 
Si queréis escucharla, para no ver la publicidad del principio pulsar el botón rojo arriba a la izquierda)
Bob Dylan's MASTERS of WAR

Publicado por: Ondine, Peter, Charlot, Chabela y El_Rey.

sábado, 31 de marzo de 2012

2 de abril de 1982

Dentro de tres días se cumplirán 30 años del intento de recuperación de las Islas Malvinas, un acto que  no fue el resultado de la reflexión y necesidad del pueblo argentino de rebelarse contra el colonialismo, del que hasta hoy es víctima, sino la decisión inmoral de una élite militar, autoritaria y cruel, encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri, quien decidió exponer al pueblo que había torturado y silenciado, a una guerra en la que pereció toda una generación de jóvenes. 
Por aquellos hombres que perdieron la vida (en una guerra que más bien trabó toda opción diplomática y dio excusa a Gran Bretaña para cerrarse en banda y defender su orgullo imperial) y por aquellos que volvieron irremediablemente marcados, resuelvo que hemos de tener la cabeza bien alta y pensar seriamente en lo que queremos que suceda con nuestras vidas, no quedarnos en silencio y volvernos cómplices de las situaciones que pasan a nuestro alrededor y nos resultan difíciles de tragar; por que el 2 de abril de 1982 nos dejó una dolorosa lección: los enemigos que nos venden como una mercancía cualquiera pueden estar entre nosotros, y esos son los primeros a los que hay que vencer.
Publicado por: Peter y El_Rey

domingo, 25 de marzo de 2012

Rafael Alberti: "Se equivocó la paloma".


 Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor; la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)

jueves, 22 de marzo de 2012

Bob Dylan

Masters of war Señores de la guerra
Come you masters of war
You that build all the guns
You that build the death planes
You that build the big bombs
You that hide behind walls
You that hide behind desks
I just want you to know
I can see through your masks.

Venid señores de la guerra,
vosotros que fabricáis todas las armas,
vosotros que fabricáis mortíferos aviones,
vosotros que fabricáis todas las bombas,
vosotros que os escondéis tras muros,
vosotros que os escondéis tras escritorios,
sólo quiero que sepáis
que veo a través de vuestras máscaras.
You that never done nothin'
But build to destroy
You play with my world
Like it's your little toy
You put a gun in my hand
And you hide from my eyes
And you turn and run farther
When the fast bullets fly.
Vosotros que no habéis hecho nada
salvo construir para destruir,
vosotros jugáis con mi mundo
como si fuera vuestro juguete,
vosotros ponéis un arma en mi mano
y os quitáis de mi vista,
y os volvéis y corréis lo más lejos
cuando las balas vuelan raudas.
Like Judas of old
You lie and deceive
A world war can be won
You want me to believe
But I see through your eyes
And I see through your brain
Like I see through the water
That runs down my drain.
Como el Judas de antaño
mentís y engañáis,
una guerra mundial puede ser ganada
queréis que me crea,
pero veo a través de vuestros ojos
y veo a través de vuestro cerebro
como veo a través del agua
que corre por mi desagüe.
You fasten the triggers
For the others to fire
Then you set back and watch
When the death count gets higher
You hide in your mansion
As young people's blood
Flows out of their bodies
And is buried in the mud.
Vosotros ajustáis todos los gatillos
para que otros disparen,
luego os apartáis y esperáis
cuando las listas de muertos aumentan,
vosotros os escondéis en vuestra mansión
mientras la sangre de los jóvenes
se escapa de sus cuerpos
y se hunde en el barro.
You've thrown the worst fear
That can ever be hurled
Fear to bring children
Into the world
For threatening my baby
Unborn and unnamed
You ain't worth the blood
That runs in your veins.
Vosotros habéis extendido el peor miedo
que jamás pueda ser gritado,
miedo a traer hijos
a este mundo,
por haber amenazado a mi hijo
nonato y sin nombre;
no valéis la sangre
que corre por vuestras venas.
How much do I know
To talk out of turn
You might say that I'm young
You might say I'm unlearned
But there's one thing I know
Though I'm younger than you
Even Jesus would never
Forgive what you do.
Cuánto sé yo
para hablar así a destiempo,
puede que digáis que soy joven,
puede que digáis que soy ignorante,
pero hay algo que sé,
aunque sea más joven que vosotros,
y es que incluso Jesús jamás
perdonaría lo que hacéis.
Let me ask you one question
Is your money that good
Will it buy you forgiveness
Do you think that it could
I think you will find
When your death takes its toll
All the money you made
Will never buy back your soul.
Permitirme haceros una pregunta,
¿es tan bueno vuestro dinero?
¿comprará vuestro perdón?
¿creéis que lo hará?
Me parece que descubriréis
cuando vuestra muerte cobre su peaje,
que todo el dinero que hicisteis
nunca podrá salvar vuestra alma.
And I hope that you die
And your death'll come soon
I will follow your casket
In the pale afternoon
And I'll watch while you're lowered
Down to your deathbed
And I'll stand o'er your grave
'Til I'm sure that you're dead.
Y espero que muráis,
y que vuestra muerte venga pronto,
seguiré vuestro ataúd
en la pálida tarde,
y esperaré mientras sois bajados
a vuestro lecho de muerte,
y me quedaré sobre vuestra tumba
hasta asegurarme que estáis muertos.


Album: The Freewheelin' Bob Dylan (1963)
Publicado por: Ondine

jueves, 15 de marzo de 2012

Mr. Jackson  +  New Zealand  =  We'll go soon.


In the words of Peter Jackson:

 "This short film stood out as a fresh and original piece of storytelling. I loved the whismical way it showcased the natural beauty of our country; its humour kept the viewer engaged and entertained from beginning to end. Most importantly it made you want to see more of the stunning landscapes of New Zealand. I was particularly impressed by the director's use of camera, the editing and the strong visual story-telling. This was an extremely accomplished piece of filmmaking. Congratulations Andrés - I will definitely be keeping an eye out for your future work." 

Publicado por:  Chabela  para  Ondine :D

domingo, 11 de marzo de 2012

Maldad en estado puro controla África, Joseph Kony no es el único problema.

El LRA (ejército de la resistencia del señor (Lord's Resistance Army) ), es una milicia fundamentalista cristiana comandada por Joseph Kony, quien se considera un profeta y lanzó su rebelión en 1987 desde el norte de Uganda con los objetivos de defender los derechos de la minoría étnica Acholi e implantar un Gobierno basado en los diez mandamientos. Sin embargo sus actos solo pueden calificarse como deleznables,  la milicia secuestra a niños y niñas para convertirlos en soldados, sirvientes y esclavas sexuales. Los niños son obligados a matar a amigos o familiares para que resulten alienados y no puedan volver a sus poblados.
Las atrocidades cometidas por esta milicia de origen ugandés y la campaña militar en su contra liderada por el ejército de este país (Uganda People's Defense Force, UPDF) se han convertido en el centro de atención tras el reciente lanzamientos de la campaña Kony 2012, que pide la detención del líder del LRA cuanto antes.
Lo que quizá es menos conocido son los abusos que también ha cometido el UPDF y que toda una serie de informes han sacado a la luz, describiendo una guerra muy sucia en la que la población civil ha sufrido a manos tanto del LRA como de sus perseguidores.
El LRA no está en Uganda desde 2006 y en la actualidad existe en forma de pequeñas unidades repartidas en una enorme zona poblada de selvas entre Sudán del Sur, la República Centroafricana y la República Democrática del Congo.
Un informe realizado por el Social Science Reserach Council (SSRC), con sede en Estados Unidos, detalla todo tipo de crímenes cometidos tanto por el LRA como por el UPDF, entre los que constan la tala ilegal de árboles, el saqueo de recursos minerales, la venta en la RCA (República centroafricana) de rifles AK-47 y munición, la explotación sexual de niños, el asesinato, la violación y mutilación pública de hombres y mujeres para intimidar a la población, el secuestro, y el reclutamiento forzado principalmente de niños y niñas (el documento dice que al menos un tercio de las tropas ugandesas en la RCA está formado de excombatientes, que abandonaron desde 2008 la LRA, reclutados en algunos casos a la fuerza, bajo amenazas y que muchos de ellos no reciben ningún salario). Según este y otros informes redactados conjuntamente por la Comisión ugandesa de derechos humanos y por el Alto comisionado de Naciones Unidas para los derechos humanos, el UPDF ha cometido en los últimos años todo tipo de abusos en Uganda,  no es bienvenido en la República Centroafricana porque, según señala en el informe su ministra de comercio Marlyn Mouliom, "está más interesado en saquear recursos que en perseguir al LRA", y tampoco en la República Democrática del Congo, país que invadió tras el genocidio ruandés en 1994 y cuyas tropas fueron entonces acusadas de abusar de la población civil y de robar minerales.
En definitiva los informes describen a dos grupos armados que no respetan nada ni a nadie, aunque aclaran que en el caso del ejército ugandés los abusos no se producen de forma sistemática, como sí ocurre en el caso del LRA, cuya única estrategia consiste en aterrorizar a la población civil.
El periodista Antoine Roger Lokongo afirmó para New African Magazine: "Si existe un bloqueo de la información es porque las potencias occidentales han respaldado financiera, logística, política y militarmente a los ejércitos tutsis de Ruanda y Uganda para invadir la República Democrática del Congo y saquear sus inmensas riquezas. Mientras las potencias occidentales mandan a sus tropas a invadir Irak, al mismo tiempo invaden la RDC (República Democrática del Congo) mediante sus aliados y no quieren que el mundo se entere. Por eso esta guerra de invasión se denomina "la guerra olvidada" y los odiosos crímenes ( más de cinco millones de muertos) cometidos por los ruandeses y ugandeses en la RDC se ocultan bajo la alfombra".
En diciembre de 2008 Estados Unidos y a la UPDF llevaron a cabo la Operación Lightning Thunder; planearon bombardear y asaltar las bases del LRA en la zona nordeste de la RDC, pero debido a filtraciones de los planes y la descoordinación entre los ejércitos, las tropas del LRA escaparon del ataque y en las semanas siguientes masacraron a unos 900 civiles en esa misma zona como represalia. El 15 de marzo de 2009, la operación terminó oficialmente, cuando el Gobierno de la RDC afirmó que ya resultaba políticamente difícil apoyar una presencia continua del ejército de Uganda en territorio congoleño. Decenas de ataques del LRA contra la población civil se sucedieron después, la situación empeoró, cada vez se  enterraba más información al respecto, y miles de víctimas quedaron  abandonadas.
Por esta razón, cuando en noviembre de 2011 EE.UU. desplegó un centenar de agentes de las fuerzas especiales, generó muchas dudas en la comunidad africana, quienes mayoritariamente opinan al igual que el Obispo Ochola (trabaja en la reintegración de exniños-soldado y lidera una coalición de personalidades religiosas que abogan por la reconciliación entre el LRA, las víctimas y el Gobierno), "Occidente tiene mucho gusto por el petróleo aunque no sé si ésa es la razón. Pero la pregunta es por qué ahora". Mientras la prensa local ugandesa cita entre los verdaderos motivos de la operación, el interés por los minerales o el petróleo descubierto en Uganda y la RDC, y la intención de contener la creciente influencia de China en la región.
A continuación podéis ver un par de vídeos interesantes que os ayudarán a haceros una idea general de lo que esta pasando actualmente y hasta que punto nos afecta, también os recomendaría que leyeseis la siguiente entrada para saber más sobre el Coltán.
http://www.fromtheothersideofthedoor.blogspot.com.es/2010/09/stop-ignorancia-esto-es-muy-serio.html




   
 

He escuchado esta canción de ilegales desde que era muy pequeña y siempre he pensado que no hay nada mas triste, que el hecho de que existan personas que están destinadas a sufrir simplemente por haber nacido en un lugar del mundo u otro, me gustaría pedir a todos los lectores de este blog, que por favor ayuden a que la gente que les rodea no ignore temas tan importantes como estos y fomenten el sentido común, la solidaridad y el amor al prójimo, sobre todo en los niños.



 Información recopilada de:
http://www.hrw.org/es/news/2010/03/28/rep-blica-democr-tica-del-congo-ej-rcito-de-resistencia-del-se-or-mata-321
http://internacional.elpais.com/internacional/2011/11/18/actualidad/1321610970_664867.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/03/12/actualidad/1331580140_316977.html 
http://www.youtube.com/watch?v=cbkWFUKC2t8&feature=relmfu
Viñetas de la página: http://mafalda.dreamers.com/ 

Publicado por: Ondine, Charlot, Peter, Chabela y El_Rey

viernes, 9 de marzo de 2012

Rafael Alberti: "Paraíso perdido".


A través de los siglos,
por la nada del mundo,
yo, sin sueño, buscándote.

Tras de mí, imperceptible,
sin rozarme los hombros,
mi ángel muerto, vigía.

¿Adónde el Paraíso,
sombra, tú que has estado?
Pregunta con silencio.

Ciudades sin respuesta,
ríos sin habla, cumbres
sin ecos, mares mudos.

Nadie lo sabe. Hombres
fijos, de pie, a la orilla
parada de las tumbas,

me ignoran. Aves tristes,
cantos petrificados
en éxtasis el rumbo,

ciegas. No saben nada.
Sin sol, vientos antiguos,
inertes, en las leguas

por, andar, levantándose
calcinados, cayéndose
de espaldas, Poco dicen.

Diluidos, sin forma
la verdad que en sí ocultan,
huyen de mí los cielos.

Ya en el fin de la Tierra,
sobre el último filo,
resbalando los ojos,

muerta en mí la esperanza,
ese pórtico verde
busco en las negras simas.

¡Oh boquete de sombras!
¡Hervidero del mundo!
¡Qué Confusión de siglos!

¡Atrás, atrás! ¡Qué espanto
de tinieblas sin voces!
¡Qué Perdida mi alma!

-Ángel muerto, despierta.
¿Dónde estás? Ilumina
con tu rayo el retorno.

Silencio. Más silencio.
Inmóviles los pulsos
del sinfín de la noche.

¡Paraíso perdido!
Perdido por buscarte,
yo, sin luz para siempre.

lunes, 5 de marzo de 2012

Rafael Alberti: "Sueño del marinero".


Yo, marinero, en la ribera mía,
posada sobre un cano y dulce río
que da su brazo a un mar de Andalucía,

sueño ser almirante de navío,

para partir el lomo de los mares
al sol ardiente y a la luna fría.

¡Oh los yelos del sur! ¡Oh las polares

islas del norte! ¡Blanca primavera,
desnuda y yerta sobre los glaciares,

cuerpo de roca y alma de vidriera!

¡Oh estío tropical, rojo, abrasado,
bajo el plumero azul de la palmera!

Mi sueño, por el mar condecorado,

va sobre su bajel, firme, seguro,
de una verde sirena enamorado,

concha del agua allá en su seno oscuro.

¡Arrójame a las ondas, marinero:
-Sirenita del mar, yo te conjuro!

Sal de tu gruta, que adorarte quiero,

sal de tu gruta, virgen sembradora,
a sembrarme en el pecho tu lucero.

Ya está flotando el cuerpo de la aurora

en la bandeja azul del océano
y la cara del cielo se colora

de carmín. deja el vidrio de tu mano

disuelto en la alba urna de mi frente,
alga de nácar, cantadora en vano

bajo el vergel azul de la corriente.

¡Gélidos desposorios submarinos,
con el ángel barquero del relente

y la luna del agua por padrinos!

El mar, la tierra, el aire, mi sirena,
surcaré atado a las cabellos finos

y verdes de tu álgida melena.

Mis gallardetes blancos enarbola,
¡Oh marinero!, ante la aurora llena

¡y ruede por el mar tu caracola!

A Luis Cernuda, aire del sur buscado en Inglaterra.
 Si el aire se dijera un día:
  —Estoy cansado,
 Rendido de mi nombre... Ya no quiero
 Ni mi inicial para firmar el bucle
 Del clavel, el rizado de la rosa,
 El pliegecillo fino del arroyo,
 El gracioso volante de la mar y el hoyuelo
 Que ríe en la mejilla de la vela...

 Desorientado, subo de las blandas,
 Dormidas superficies
 Que dan casa a mi sueño.
 Fluyo de las paradas enredaderas, calo
 Los ciegos ajimeces de las torres;
 Tuerzo, ya pura delgadez, las calles
 De afiladas esquinas, penetrando,
 Roto y herido de los quicios, hondos
 Zaguanes que se van a verdes patios
 Donde el agua elevada me recuerda,
 Dulce y desesperada, mi deseo...

 Busco y busco llamarme

 ¿Con qué nueva palabra, de qué modo?
 ¿No hay soplo, no hay aliento,
 Respiración capaz de poner alas
 A esa desconocida voz que me denomine?

 Desalentado, busco y busco un signo,
 Un algo o alguien que me sustituya
 Que sea como yo y en la memoria
 Fresca de todo aquello, susceptible
 De tenue cuna y cálido susurro,
 Perdure con el mismo
 Temblor, el mismo hálito
 Que tuve la primera
 Mañana en que al nacer, la luz me dijo:
 —Vuela. Tú eres el aire.

 Si el aire se dijera un día eso...
 
 Rafael Alberti 
 

viernes, 2 de marzo de 2012

 El rey y el pájaro maravilloso

 
Dicen que dicen que tiempo atrás en el bosque que bordea las montañas del norte había un maravilloso pájaro inteligentísimo y despierto que incluso sabía hablar.
Emperadores, ministros y potentados de muchos países habían enviado gente para atraparlo y algunos incluso fueron ellos mismos, pero nadie pudo conseguirlo a pesar de que el pájaro no se movía nunca de la rama de un pino milenario, siempre trinando y trinando.
Cuentan que aquellos que tanto iban y venían en busca del pájaro terminaron por dejar un camino en la montaña.
He aquí que la historia del maravilloso pájaro llegó luego a oídos del rey Yiertegeer, del este, quien pensó: “¡Qué pájaro tan terrible! Dicen que nadie ha conseguido atraparlo. ¡Pero de todos modos yo lo lograré!” Y dicho esto se dispuso a partir.
El rey viajó hasta el bosque de que hablábamos y se detuvo bajo las frondosas ramas de aquel pino milenario. Pero el ave no se asustó ni escapó sino que se dejó atrapar. El rey quedó loco de alegría. 
Cuando iban en camino de regreso, el pájaro le habló:
- ¡Respetado rey! Me ha atrapado sin ningún esfuerzo. No obstante, en el camino de regreso no debe exhalar grandes suspiros, ni quedarse en silencio y cabizbajo; de lo contrario me escaparé en un abrir y cerrar de ojos. Por lo tanto, sea como sea, en la marcha siempre tiene que ir hablando alguno de los dos.
- Está bien – le contestó el rey –, entonces cuenta tú alguna cosa.
- Bueno, le contaré al rey una historia – repuso el pájaro –.
"Cuentan que había un lugar donde vivía un buen cazador con un buen perro. 
En cierta ocasión el cazador salió de excursión con su perro y de pronto se encontró una carreta repleta de riquezas en pleno valle. La carreta estaba rota y detenida en ese lugar y su dueño se hallaba sentado mostrando su preocupación. 
Los hombres intercambiaron algunas palabras formales y se sentaron juntos a fumar un cigarrillo. El de la carreta dijo:
- Hermano cazador, yo quiero ir hasta la aldea que queda más adelante para conseguir alguien que arregle la carreta. Te pido por favor que te quedes aquí con tu perro a cuidarme la carreta.
- Bien – aceptó el cazador y el otro hombre muy contento atravesó la montaña.
El cazador esperó hasta la tardecita y como el dueño de la carreta no volvía pensó: “Mi vieja madre está mal de la vista. Es posible que desde la mañana no haya probado bocado”. Le habló a su perro:
- Quédate aquí cuidando hasta que regrese el dueño de la carreta. No dejes que se roben nada. Yo regreso a hacerle la comida a mi mamá –. Y se marchó.
El perro, fiel al mandato de su amo, se ocupó de cuidar que el buey que tiraba de la carreta no se apartara del sitio y al igual que un sereno, estuvo todo el tiempo dando vueltas de aquí para allá alrededor del vehículo.
El propietario de la carreta pasó por muchas aldeas hasta que por fin hacia la medianoche encontró quien la reparara. 

Cuando volvió, se dio cuenta que el cazador no estaba mientras que el perro se había quedado a cuidar fielmente la carreta. 
El hombre se dijo que aquél era en verdad un animal muy bueno y lo premió con algunas piezas de plata, ordenándole que se fuera. En ese momento el cazador estaba justamente en la puerta de su casa esperando el regreso de su mejor amigo. Nada más ver a su amo dejó en el suelo la plata que traía en el hocico. 
El cazador se enfureció, rezongándole: “Te he dicho que cuidaras bien de que no robaran nada y tú sales robando piezas de plata”. 
Y terminó matando a palos al buen can."
- ¡Ay! ¡Qué descuido tan grande! ¡Matar por error a un perro tan bueno! – exclamó el rey.
- Ha suspirado – dijo el pájaro, y en un abrir y cerrar de ojos se le voló de las manos.
El monarca se reprochaba a sí mismo: ¿Cómo pude olvidarme de que no tenía que suspirar? Entonces desanduvo el camino y atrapó por segunda vez al pájaro en la rama del vetusto pino. 
El ave comenzó a hablar:
- Bueno, ahora te relataré otra historia.
"Se cuenta que había un lugar donde una mujer tenía un buen gato. 

Un día, la mujer tenía que ir a traer agua del pozo y le dijo al felino: 
“Cuida bien al bebé que está en la cuna”. Después de que la mujer salió el gato se tiró al lado de la cuna espantando las moscas y los mosquitos. 
De repente, desde la puerta apareció un ratón grande con toda la intención de morderle la oreja al niño. Muy enfadado, el gato se dispuso a atrapar el ratón. 
Pero en ese mismo momento otro tan grande llegó a todo correr y de un mordisco se llevó la oreja del bebé, quien comenzó a llorar del dolor.
El gato, que estaba persiguiendo al primer ratón, se pegó el gran susto y volvió corriendo al cuarto, mató al roedor en la puerta, llegó hasta la cuna y se puso a lamer la oreja del niño que manaba sangre.

Cuando llegó de vuelta la mujer y vio aquello no pudo contener su indignación. “Te mandé que cuidaras al niño pero tú, malvado, le has comido la oreja”. 
Hablando así, dio al gato una golpiza que lo dejó muerto, pero tan pronto dio vuelta la cabeza notó que había un ratón muerto atrás de la puerta, con la oreja del niño entre los dientes. Al darse cuenta de su error comenzó a llorar."
- ¡Ay! ¡Pobrecito! – volvió a exclamar el rey y no más hacerlo el pájaro ¡zás! se le voló de las manos.
El rey desanduvo por tercera vez el camino, llegó hasta el pájaro y lo volvió a atrapar en el mismo lugar de siempre. 

Luego emprendió el escabroso camino de regreso a través de la montaña y durante la marcha el pájaro le volvió a contar un cuento.
"– Hubo una vez un año de grandes sequías – comenzó el ave astuta – y un hombre llamado Aerbai abandonó la zona afectada por la hambruna. 
El sol apretaba recio en el camino y el pobre tenía la garganta tan seca que ya no podía caminar, por lo cual se sentó bajo una alta roca a esperar la muerte. 
De súbito escuchó un “glu, glu, glu,” o sea el ruido de agua goteando: descubrió así que el líquido bajaba de lo alto de la gran roca. Sin caber en sí de alegría.
Aerbai sacó inmediatamente su tazón de madera para recibir el precioso líquido. Cuando logró no sin dificultades llenar el tazón y ya se lo estaba llevando a los labios, apareció de pronto un cuervo que con sus alas le volcó el recipiente.
- ¡Este maldito pajarraco me ha derramado el agua que Dios misericordioso me ha obsequiado gota a gota! – exclamó furioso, y recogiendo una piedra persiguió al cuervo hasta que lo mató.
Nada más llegar hasta el lugar donde había ultimado al cuervo descubrió que un poco más adelante salía agua de la grieta de una roca. Una vez más se puso muy contento y bebió hasta hartarse. 

Pero cuando volvió a donde había estado sentado y recogió su paquete, levantó la cabeza y descubrió una gran serpiente que dormía encima de la roca, y que de su boca manaba un líquido. 
¡Ay! Quiere decir que el “agua” que yo había juntado era el veneno de esta serpiente y el cuervo me salvó la vida – pensó el hombre con lágrimas de arrepentimiento."
- ¡Ay! – exclamó el rey - ¡Pobre cuervo! ¡Sacrificó su vida para salvar a otro!
- ¡Otra vez ha fracasado! – gritó el pájaro y volvió a echar vuelo.
- Se acabó, realmente no hay manera de atrapar a este pájaro – pensó el rey y regresó a su palacio.
 
Cuento recogido en la obra persa Kalila wa Dimna.
Imagen: ilustración de Kalila y Dimna. Persia, 1420.

Publicado por: Ondine

jueves, 1 de marzo de 2012

Poeta de Marzo: Rafael Alberti

NOCTURNO
Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
escucha que transita solamente la rabia,
en los tuétanos tiembla despabilado el odio
las médulas arde continua la venganza,
palabras entonces no sirven: son palabras.
Balas. Balas.
Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
dolor de papeles que ha de barrer el viento,
tristeza de tinta que ha de borrar el agua!
Balas. Balas.
Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
lo que no puede ser imposible, y calla.
Balas. Balas.
Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

El Ángel Superviviente
Acordáos.
La nieve traía gotas de lacre, de plomo derretido
y disimulos de niña que ha dado muerte a un cisne.
Una mano enguantada, la dispersión de la luz y el lento asesinato.
La derrota del cielo, un amigo.
Acordáos de aquel día, acordáos
y no olvidéis que la sorpresa paralizó el pulso y el color de los astros.
En el frío, murieron dos fantasmas.
Por un ave, tres anillos de oro
fueron hallados y enterrados en la escarcha.
La última voz del hombre ensangrentó el viento.
Todos los ángeles perdieron la vida.
Menos uno, herido, alicortado.


Publicado por: Chabela, Peter y El_Rey