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lunes, 3 de noviembre de 2014

Mitos y Leyendas: "Ave Fénix"


Según el mito cristiano del fénix se cuenta que en el Edén, debajo del Árbol del Bien y del Mal, floreció un arbusto de rosas. Junto con la primera rosa del árbol, nació un pájaro de un hermoso pelaje y con un canto majestuoso. Esta ave compartía los principios Divinos, por lo que no quiso probar las frutas del árbol, que sí fueron tomadas por Adán y Eva. Cuando ellos dos fueron expulsados del Paraíso, cayó sobre el nido del fénix una chispa de la espada de fuego de un ángel y el pájaro ardió. Pero, de aquellas llamas surgió una nueva ave, otro fénix, con un pelaje esplendoroso de color dorado y carmesí. Por su fidelidad al precepto Divino, se lo premió con la inmortalidad, el conocimiento, la facultad sanadora de sus lágrimas.

Se dice que al estar cerca de su muerte, el fénix vuela por todo el mundo buscando el árbol más alto. Allí, construye su nido y lo rellena con inciensos y plantas aromáticas. Cuando está a punto de morir, entona la más bella de las melodías hacia el Sol y se prende con su fuego hasta extinguirse. De las cenizas que quedan, vuelve a renacer y una nueva Ave Fénix . También se cuenta que lleva el cadáver de su padre, volando por el cielo, hasta el templo del Sol que se encuentra en la ciudad mítica de Heliópolis (antigua ciudad de Egipto) como ofrenda en su altar.

Según la versión del mito que se tome, se dice que vive 500 o 1000 años y que, a ese término, se renueva su ciclo de vida. También se dice que es el dios de las aves, por ser única, sin que exista otra criatura como ella. Está representada en mitos de las distintas culturas como: la china (el Fêng-Huang, que personifica a la emperatriz y junto al dragón, simboliza la hermandad inseparable), la japonesa (el Ho-oo), la rusa (El Pájaro de Fuego, que inmortalizara musicalmente Stravinsky), la egipcia (el Benu), la hindú (el Garudaal, que al alcanzar quinientos años de vida se inmola en vísperas de la primavera en un altar preparado para tal fin), e incluso en los mitos indios de norteamérica (el Yel), o los Aztecas, Mayas y Toltecas (el Quetzal). Fue citado por Hesíodo por primera vez, en el siglo VIII A.C. y más tarde y con más detalle por el historiador Herodoto.

Además de en la ciudad de Heliópolis, Egipto, se lo ha situado en Arabia, donde habitaba cerca de una fuente de agua en la que se bañaba entonando una bella melodía, que hacía que hasta el mismo dios Apolo, según la tradición griega, detuviera su carro para escucharlo. Pero al reiniciar su viaje, las chispas de las patas de sus caballos prendieron fuego al nido y el Fénix pereció en un incendio de perfume y apasionadas canciones. Después de tres días, un Fénix renovado resurgiría de sus escombros para retornar al Paraíso.

Está muy vinculado a la mitología egipcia, donde era llamado Bennu o Fenu, que puede ser traducido como "iluminar" o "brillar", por lo que pudo ser tomado como símbolo de luz y vinculado íntimamente al dios solar Ra. Se creía que para armar el nido de su muerte y renacimiento viajaba hasta Arabia para conseguir las plantas aromáticas que armonizaran el aroma del fuego. Según la leyenda, Bennu se había creado ha sí mismo con el fuego que ardía en el árbol sagrado de uno de los templos consagrados al dios Ra. En otra versión, se dice que surgió del estallido del corazón de Osiris, por lo que también es considerado símbolo de Osiris. En esta cultura el fénix constituía un símbolo de la esperanza y de la continuidad de la vida después de la muerte. También se creía que su carne podía conferir la inmortalidad y que sus cenizas eran capaces de de resucitar a los difuntos. Así también, su llegada y su partida marcaban los ciclos del tiempo.

Los primeros cristianos, influidos por los cultos helénicos, hicieron de esta singular criatura un símbolo viviente de la inmortalidad y de la resurrección. A lo largo de los siglos, el Ave Fénix se convirtió en un símbolo de la resurrección física y espiritual, representando el poder del fuego.

Algunas de las cualidades que se presentan en el mito del fénix son retomados por J.K. Rowling para usar al fénix como una criatura mágica en Harry Potter. Por ejemplo, el poder sanador de sus lágrimas y el renacimiento a partir de las cenizas.

Publicado inicialmente en: http://cuadernoderetazos.wordpress.com/2012/02/16/



martes, 13 de agosto de 2013

La leyenda de las Urracas.


http://culture.workercn.cn/ufile/201208/20120825002104141.jpg

Hoy se celebrá la festividad tradicional china que equivale a nuestro occidental "Día de los Enamorados" es el /qi3qiao3jie2/ que literalmente se puede traducir como "Festividad para mostrar habilidades". En esta fecha la tradición establece que las chicas jovenes deben demostrar sus habilidades domésticas, así como formular deseos para hallar un buen esposo.
Esta  festividad que se celebra el séptimo día del séptimo mes del calendario lunar, tiene detrás una hermosa leyenda que no es exclusiva de China sino que también se extendió a Japón, Corea o Vietnam con ligeros matices; a continuación puden leer dos versiones de esta misma historia, que esperamos sea de su agrado.



* Versión resumida de la leyenda.

En un tiempo remoto, el señor del cielo tuvo siete hijas. La menor de ellas, encargada de tejer para su padre, se enamoró perdidamente del joven pastor responsable de mantener a todas las estrellas en su lugar correcto en el firmamento. Este amor fue correspondido y ambos contrajeron matrimonio.
Sin embargo la unión resultó negativa, ya que ambos jovenes cegados en su mutuo amor comenzaron a descuidar sus deberes,  y con efectos desastrosos para el orden celestial, por lo que el Señor del Cielo se encolerizó y determinó su separación, poniendo a cada uno de los jovenes esposos a un lado del muro que constituye la Vía Láctea, uno en la estrella Vega y el otro en la estrella Altair.
Tiempo después el Señor del Cielo, conmovido por los tristes llantos de ambos amantes tras su separación, accedió a que una vez al año, el día siete del séptimo mes, pudiesen reunirse durante una noche haciendo que todas las urracas del mundo se reuniesen para formar un puente que uniría ambas estrellas (motivo por el que este día también se conoce como "Festival de la Urraca").


Segunda versión de la leyenda.
Hace mucho tiempo existió un pastor huérfano, maltratado por su hermano mayor y su cuñada, que tras el fallecimiento de sus padres, solo recibió un buey viejo.
Aquel pastor trabajaba duro y después de sólo un par de años poseía una pequeña granja y una casa, en la cual contaba con la única compañía de su viejo y fiel buey.  
Un día el buey de repente abrió su boca y habló, diciendo que las siete hijas del Dios Supremo descenderían al mundo para tomar un baño al día siguiente y recomendó al pastor ocultar la ropa de una de ellas para conseguir que ella se convirtiera en su esposa.
El pastor decidió probar suerte durante el séprimo día del séptimo mes lunar, esperó tras un arbusto a lo largo del río. Poco después, siete bellezas celestiales descendieron del cielo y entraron en el río. Fue entonces cuando el pastor tomó la ropa de la tejedora, la hija menor del Dios supremo, y se escapó. Las jóvenes celestiales al escuchar ruidos, se vistieron rápidamente y volaron a casa, dejando sola a la hermana menor.
En ese momento el pastor aprovechó la oportunidad para reunirse con la tejedora y proponerle matrimonio, unos segundos después la joven celestial asintió feliz, al darse cuenta de que su corazón había encontrado a su al hombre que más amaba.
Aquella noche contrajeron matrimonio y durante siete años vivieron felices junto a sus dos hijos. Entonces el Dios Supremo encontró a la tejedora y su familia, y estaba tan furioso con ellos dos por haberse casado sin su consentimiento, que decidió llevarse por la fuerza a su hija y separarla de su esposo. El buey, que había presenciado la escena, le dijo a su dueño que debía matarlo y luego vestirse con su piel, pues gracias ella podría llegar hasta su esposa.
Con mucho pesar el pastor mató al buey, se vistió con su piel, colocó enseguida a sus dos hijos en un par de cestas de mimbre y persiguió al Dios que se había llevado a su esposa.
Al darse cuenta el padre de la tejedora que el pastor estaba cerca, decidió que crear un muro que los mantedría separados para siempre, creo la vía lactea y dejó a cada amante a un lado.
La tejedora volvió entonces a sus tareas y en el taller de tejido celestial creaba cada día miles de nubes, pero estaba tan triste por haber perdido a su esposo y a sus hijos, que incluso las nubes que creaba parecían tristes. Finalmente el Dios Supremo se apiadó de su hija y consintió que una vez al año, el séptimo dia del séptimo mes del calendario lunar, las miles de urracas que estaban notablemente conmovidas por el amor verdadero que unía al pastor y la tejedora, pudieran volar hasta lo alto de la vía lactea para formar con sus cuerpos y alas, un puente que permitiera a los enamorados encontrarse.

Los ancianos suelen contar a los niños chinos, que si llueve mucho durante la noche del Qixi es porque la tejedora está llorando de felicidad por el encuentro con su familia. También se dice que en la noche del doble siete o Qixi no es posible ver a una urraca, porque todas ellas están construyendo un puente en el cielo, y que la prueba real de ello es que al día siguiente, es notable la disminución del número de plumas de las cabezas de las urracas.
Así que la noche del séptimo día del séptimo mes del calendario lunar chino, no te olvides de mirar con cuidado el cielo de verano, pues allí encontrarás al Pastor (una estrella brillante en la constelación de Aquila, al oeste de la Vía Láctea) y a la Tejedora (la estrella Vega, al este de la Vía Láctea) más cerca que en cualquier otro momento del año. 


                                              ♥ 祝大家乞巧节快乐! ♥
                 ♥ ¡Feliz (QiQiaoJie) 乞巧节 para todo el mundo! ♥
 

Publicado  por:  Ondine

lunes, 1 de abril de 2013

Leyenda: "Amor de Primavera"

Hace muchos años, en un lejano país, vivía una hermosa joven, además, una bordadora primorosa, por lo que muchos hombres ricos la pretendían como esposa, pero ella los rechazaba.

http://img.alibaba.com/photo/214847350/Oil_painting_of_girls_on_Vietnamese_traditional_long_dress.jpg
La muchacha decía: "Sólo me casaré con el hombre que pueda teñir los hilos de rosca de un rosa que no se decolore, además debe tejer diez metros de seda sin uniones”.
A cierta distancia de allí, vivía un joven tejedor. Un día, una avecilla volando se había enredado en su telar rompiéndose un ala.

El muchacho cuidó del pájaro hasta que recobro su salud, después de aquello siempre permanecieron juntos. Así cuando, aún muy joven, sus padres murieron su única compañía fue el pajarillo.
Poco antes de morir, la madre del tejedor había plantado un árbol en el patio de la casa. 
Un día, el pájaro trajo noticias importantes.
– No muy lejos de aquí vive una muchacha hermosísima- dijo el pajarito.- Es una hábil bordadora, y ha dicho que se casará con el hombre que pueda tejer diez metros de seda sin costuras y que tiña el hilo de rosca en un color rosa que no decolore jamás.

El muchacho eligió sus mejores hilos de seda y comenzó a tejer. Para él, tejer diez metros de seda sin costuras no era problema, pero ¿Cómo teñir la seda en el color rosa que no se desluce nunca?...  Afortunadamente, el pájaro tenía la solución.
Condujo al muchacho ante un hada, que vivía en las montañas. Ésta era también una bordadora sin rival y, después de escuchar la historia del tejedor, prometió ayudarle.
   

- Todos los colores palidecen con el tiempo- dijo el hada.
- El único tinte que no pierde color es la sangre. Debes pincharte los dedos y recoger la sangre, después úsala para teñir la seda.
El joven siguió las instrucciones del hada pero, después de siete días, había perdido tanta sangre que apenas podía tenerse en pie. Pero el pájaro le ayudaba, trayéndole alimentos y hierbas medicinales para curar sus heridas. Por fin tras diez días de sufrimientos, los hilos de rosca estuvieron teñidos con un hermoso tono rosa envueltos en un bonito paño.

Acompañado por el pájaro, el muchacho llevó el fruto de su esfuerzo a la casa de la muchacha.
Sus pretendientes ricos estaban también allí, todos habían llevado sus trabajos de seda y los paquetes con hilos de rosca.

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La muchacha recogió los paños de seda y los hilos de rosca. Entonces tomó un pequeño espejo y una aguja, que había heredado de su padre; sostuvo el espejo cerca de la tela y, en la imagen del espejo, vio las costuras de los paños y enhebrando un hilillo rosado en su aguja; vio que el color era pálido.http://us.cdn3.123rf.com/168nwm/lesiles/lesiles0904/lesiles090400038/4706977-mujer-de-vestido-rojo-en-el-lago-en-el-clima-ventoso.jpg
La muchacha repitió estas pruebas con todos los trabajos de los pretendientes, hasta que llego al paño tejido por el joven.Mirando en su espejo, vio que la seda brillaba como la superficie de un lago. Y cuando examinó con su aguja el hilo del tejido, brilló intensamente en un color rosa profundo. Era tan bonito que la muchacha accedió de inmediato a casarse con el tejedor. La gente corrió a felicitar a la pareja, pero los pretendientes ricos despreciados por la muchacha se marcharon muy enfadados.

Uno de estos pretendientes, despechado, fue a ver al rey, un anciano que, debido a su miedo irracional al fuego, nunca había salido de su palacio. A pesar de su avanzada edad, el anciano rey gustaba de la compañía de hermosas y jóvenes muchachas. Al escuchar la historia de la bella tejedora, el rey ordenó que fuese conducida a su presencia.

Cierto día mientras la muchacha estaba ocupada en bordar una camisa de seda, su marido confesó cómo había teñido los hilos de aquel color rosa. Entonces ella emocionada bordó unas flores en la camisa con cinco pétalos como cinco son los dedos, como símbolo de amor a su marido. La camisa era tan hermosa que la gente venia para admirarla. Una mañana acababa de ponérsela cuando aparecieron los soldados del rey, apresaron al tejedor y se llevaron a la muchacha por la fuerza, el pájaro intentó ayudarles, pero fue herido de muerte por un soldado.

El viaje hasta el palacio real era largo y cuanto más se alejaba de su hogar, más desesperada estaba la muchacha. Rasgó las flores bordadas de su camisa y las lanzó al viento y e imploró una petición:
"Por favor lleva estas flores a mi amor”.
El viento cumplió su súplica llevando las flores bordadas hasta donde estaba su esposo. Cuando por fin el tejedor llegó a la casa, se sorprendió al ver el árbol que su madre había plantado cubierto de flores rosas.
La muchacha incapaz de soportar vivir con un rey viejo, se quitó la vida ahorcándose con su camisa de seda. Cuando los soldados llegaron al palacio, fueron convocados ante el rey y explicaron que la muchacha, echando de menos a su marido, se había matado . Al oír esto, el rey se encolerizó tanto que ordenó a sus hombres volver encarcelar al tejedor.

Cuando, a la mañana siguiente, el tejedor volvió junto al floreciente árbol, oyó un susurro en el viento.  "Amor mío, debo ocultar las flores antes de que los soldados del rey las destruyan, tienes que marcharte, huye lejos de aquí ".  Nada más escuchar las palabras soplo un fuerte viento que cambio el color de las flores y se marchitaron.
 
El muchacho decidió ir a la capital, porque todavía esperaba encontrar a su esposa, pero antes, se detuvo en la casa del hada, ésta le dijo:  
-Si quieres ver a tu esposa debes matar al malvado rey pero para tener éxito necesitarás la ayuda del pequeño pajarillo- advirtió el hada.
-Pero el pájaro está muerto. - Se lamentó el tejedor, -no puedo devolverle la vida.
Entonces el hada le dijo: Entierra el cuerpo del ave bajo el árbol que tu madre plantó y cuando llegue la primavera y se levanten los muertos, el pajarillo volverá a la vida.
El tejedor siguió sus instrucciones y, a la primavera siguiente, unos pequeños brotes rosados aparecieron en el árbol. Días más tarde, el pájaro apareció.
Acompañado por el pájaro, el tejedor reemprendió viaje hacia la capital disfrazado como vendedor de carbón y llevando un ramillete de flores rosadas. 
 
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Cuando llego a la corte, el tejedor se acercó a un guardia y solicitó permiso para presentar al rey las flores. El rey ordenó al extranjero que se acercase y se agachó para admirar la frescura de las flores, en ese instante la rama estalló repentinamente en llamas. El fuego quemo la barba del rey y las llamas se extendieron rápidamente por sus trajes hasta abrasarlo.
No era magia, lo que había sucedido es que el astuto tejedor había colocado un pedazo de carbón encendido en el ramillete y al acercarse el rey, había soplado sobre las ascuas, provocando un pequeño fuego que rápidamente prendió sus ropasjes.



El joven encontró la camisa con la que su esposa se había quitado la vida, la enterró bajo el árbol de su madre, y a la mañana siguiente, la camisa estaba cubierta de flores.
El pájaro entonces condujo al tejedor hasta un denso bosque. Dentro del hueco que había en un gran tronco de árbol, estaba el cuerpo de su esposa.
Después el pájaro dio instrucciones: el joven envolvió el tronco en la camisa y de repente, se quebró la madera del tronco en millares de astillas, la joven apareció y caminando se acercó al joven.
El tejedor, su esposa y el pájaro regresaron a su casa impacientes por compartir su felicidad, se presentaron a sus vecinos con las flores rosadas de su árbol.

Estas hermosas flores de color rosa, ahora conocidas como flores de melocotón, son un símbolo de la dedicación y del amor. Y cada primavera reaparecen, al igual que el amor de los fieles amantes.

Fuente: Viaje Universal.com (Cuento de Vietnam)
Pinturas de escenas cotidianas de la vida vietnamita
: www.panorasia.fr - tableaux.com
Publicado por:  Ondine

viernes, 22 de febrero de 2013

Cuento: "La isla de las dos caras"


La tribu de los mokokos vivía en el lado malo de la isla de las dos caras. 
Los dos lados, separados por un gran acantilado, eran como la noche y el día. El lado bueno estaba regado por ríos y lleno de árboles, flores, pájaros y comida fácil y abundante, mientras que en el lado malo, sin apenas agua ni plantas, se agolpaban las bestias feroces.


Los mokokos tenían la desgracia de vivir allí desde siempre, sin que hubiera forma de cruzar. Su vida era dura y difícil: apenas tenían comida y bebida para todos y vivían siempre aterrorizados por las fieras, que periódicamente devoraban a alguno de los miembros de la tribu.
La leyenda contaba que algunos de sus antepasados habían podido cruzar con la única ayuda de una pequeña pértiga, pero hacía tantos años que no crecía un árbol lo suficientemente resistente como para fabricar una pértiga, que pocos mokokos creían que aquello fuera posible, y se habían acostumbrado a su difícil y resignada vida, pasando hambre y soñando con no acabar como cena de alguna bestia hambrienta.


Pero quiso la naturaleza que precisamente junto al borde del acantilado que separaba las dos caras de la isla, creciera un árbol delgaducho pero fuerte con el que pudieron construir dos pértigas. La expectación fue enorme y no hubo dudas al elegir a los afortunados que podrían utilizarlas: el gran jefe y el hechicero. Pero cuando estos tuvieron la oportunidad de dar el salto, sintieron tanto miedo que no se atrevieron a hacerlo: pensaron que la pértiga podría quebrarse, o que no sería suficientemente larga, o que algo saldría mal durante el salto... y dieron tanta vida a aquellos pensamientos que su miedo les llevó a rendirse. Y cuando se vieron así, pensando que podrían ser objeto de burlas y comentarios, decidieron inventar viejas historias y leyendas de saltos fallidos e intentos fracasados de llegar al otro lado.
Y tanto las contaron y las extendieron, que no había mokoko que no supiera de la imprudencia e insensatez que supondría tan siquiera intentar el salto.
Y allí se quedaron las pértigas, disponibles para quien quisiera utilizarlas, pero abandonadas por todos, pues tomar una de aquellas pértigas se había convertido, a fuerza de repetirlo, en lo más impropio de un mokoko. Era una traición a los valores de sufrimiento y resistencia que tanto les distinguían.

 

Pero en aquella tribu surgieron Naru y Ariki, un par de corazones jóvenes que deseaban en su interior una vida diferente y, animados por la fuerza de su amor, decidieron un día utilizar las pértigas.
Nadie se lo impidió, pero todos trataron de desanimarlos, convenciéndolos con mil explicaciones de los peligros del salto. 
- ¿Y si fuera cierto lo que dicen? - se preguntaba el joven Naru.
- No hagas caso ¿Por qué hablan tanto de un salto que nunca han hecho? Yo también tengo un poco de miedo, pero no parece tan difícil -respondía Ariki, siempre decidida.
- Pero si sale mal, sería un final terrible – seguía Naru, indeciso.
- Puede que el salto nos salga mal, y puede que no. Pero quedarnos para siempre en este lado de la isla nos saldrá mal seguro ¿Conoces a alguien que no haya muerto devorado por las fieras o por el hambre? Ese también es un final terrible, aunque parezca que nos aún nos queda lejos.
- Tienes razón, Ariki. Y si esperásemos mucho, igual no tendríamos las fuerzas para dar este salto... Lo haremos mañana mismo.

 

Y al día siguiente, Naru y Ariki saltaron a la cara buena de la isla.
Mientras recogían las pértigas, mientras tomaban carrerilla, mientras sentían el impulso, el miedo apenas les dejaba respirar. Cuando volaban por los aires, indefensos y sin apoyos, sentían que algo había salido mal y les esperaba una muerte segura. Pero cuando aterrizaron en el otro lado de la isla y se abrazaron felices y alborotados, pensaron que no había sido para tanto...

 https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhKAslwUPFGYvnRpj0U9dNwHmx8lmbgawpP6oKhTfD8NklNx7K3cne3vRG0Hb-GSZE6UzxLslNX45VctluDVyh9d5HCPQDybK1W5_j6JsRqzSiCDFGlVg80i8bIPwQKArB3eRrRp99mhPjy/s1600/ni%C3%B1os+jugando.jpg

Y mientras corrían a descubrir su nueva vida, pudieron escuchar a sus espaldas, como en un coro de voces apagadas: 
- Ha sido suerte. 
- Yo pensaba hacerlo mañana. 
- ¡Qué salto tan malo! Si no llega a ser por la pértiga...
Y comprendieron por qué tan pocos saltaban, porque en la cara mala de la isla sólo se oían las voces resignadas de aquellas personas sin sueños, llenas de miedo y desesperanza, que no saltarían nunca.

Autor.. Pedro Pablo Sacristán
Publicado por:  Ondine

domingo, 6 de enero de 2013

Cuento: " La extraña pajarería".



El señor Gómez era un hombrecillo de cara simpática y sonriente que tenía una tienda de pajaritos. Era una pajarería muy especial, en la que todas las aves caminaban sueltas por cualquier lado sin escaparse, y los niños disfrutaban sus colores y sus cantos.

 
Tratando de saber cómo lo conseguía, el pequeño Nico se ocultó un día en una esquina de la tienda. Estuvo escondido hasta la hora del cierre, y luego siguió al pajarero hasta la trastienda.

Huevo enjaulado 

Allí pudo ver cientos de huevos agrupados en pequeñas jaulas, cuidadosamente conservados.
El señor Gómez llegó hasta un grupito en el que los huevecillos comenzaban a moverse; no tardaron en abrirse, y de cada uno de ellos surgió un precioso ruiseñor.

 

Fue algo emocionante, Nico estaba como hechizado, pero entonces oyó la voz del señor Gómez. Hablaba con cierto enfado y desprecio, y lo hacía dirigiéndose a los recién nacidos:

 

"¡Ay, miserables pollos cantores... ni siquiera volar sabéis, menos mal que algo cantaréis aquí en la tienda!"- Repitió lo mismo muchas veces. Y al terminar, tomó los ruiseñores y los introdujo en una jaula estrecha y alargada, en la que sólo podían moverse hacia adelante.

 

A continuación, sacó un grupito de petirrojos de una de sus jaulas alargadas.
Los petirrojos, más creciditos, estaban en edad de echar a volar, y en cuanto se vieron libres, se pusieron a intentarlo.

 

Sin embargo, el señor Gómez había colocado un cristal suspendido a pocos centímetros de sus cabecitas, y todos los que pretendían volar se golpeaban en la cabeza y caían sobre la mesa. "¿Veis los que os dije?" -repetía- " sólo sois unos pobres pollos que no pueden volar. Mejor será que os dediquéis a cantar"...

 

El mismo trato se repitió de jaula en jaula, de pajarito en pajarito, hasta llegar a los mayores.
El pajarero ni siquiera tuvo que hablarles: en su mirada triste y su andar torpe se notaba que estaban convencidos de no ser más que pollos cantores.

 

Nico dejó escapar una lagrimita pensando en todas las veces que había disfrutado visitando la pajarería. Y se quedó allí escondido, esperando que el señor Gómez se marchara.

 

Esa noche, Nico no dejó de animar a los pajaritos.
"¡Claro que podéis volar! ¡Sois pájaros! ¡ Y sois estupendos! ", decía una y otra vez.
Pero sólo recibió miradas tristes y resignadas, y algún que otro bello canto.


Nico no se dio por vencido, y la noche siguiente, y muchas otras más, volvió a esconderse para animar el espíritu de aquellos pobres pajarillos. Les hablaba, les cantaba, les silbaba, y les enseñaba innumerables libros y dibujos de pájaros voladores.
"¡Ánimo, pequeños, seguro que podéis! ¡Nunca habéis sido pollos torpes!", seguía diciendo.

 

Finalmente, mirando una de aquellas láminas, un pequeño canario se convenció de que él no podía ser un pollo. Y tras unos pocos intentos, consiguió levantar el vuelo...
¡Aquella misma noche, cientos de pájaros se animaron a volar por vez primera!

 

Y a la mañana siguiente, la tienda se convirtió en un caos de plumas y cantos alegres que duró tan sólo unos minutos: los que tardaron los pajarillos en escapar de allí.

 

Cuentan que después de aquello, a menudo podía verse a Nico rodeado de pájaros, y que sus agradecidos amiguitos nunca dejaron de acudir a animarle con sus alegres cantos cada vez que el niño se sintió triste o desgraciado.



Publicado por:  Ondine  y  Julls

martes, 25 de diciembre de 2012

* FeLiZ NaViDaD PaRa ToDo El MuNdO *




Esperamos de todo corazón que estén disfrutando de estas fiestas con las personas que más aprecian y, de ser posible, que este hermoso cuento de Charles Dickens sirva de nexo entre familiares de todas las edades, e ilumine sus rostros con una sonrisa. 
Saludos, abrazos y muchos besos para todos nuestros amigos y lectores del mundo.
 

jueves, 15 de noviembre de 2012

" El Nacimiento de las Tortugas Marinas "

Amanda estaba emocionadísima. Habían tenido que esperar muchos días, pero por fin, aquella noche nacerían las tortuguitas en la playa ¡y su papá le iba a llevar a verlas!
Se levantaron cuando aún era de noche, tomaron las linternas, y fueron a la playa con mucho cuidado.


Su padre le había hecho prometer que respetaría a las tortugas bebé, y que no haría ruido y obedecería al momento, y ella estaba dispuesta casi a cumplir cualquier cosa con tal de poder ver cómo nacían las tortugas.
No sabía muy bien cómo sería aquello, pero había oido a su hermano mayor, que las tortugas nacían en la playa a pocos metros del agua, y luego corrían hacia el mar; y todo eso le pareció muy emocionante.

Tortugas, México, Medio ambiente

Agazapados y sin hacer ruido, sólo con la pequeña luz de una linterna muy suave, estuvieron esperando. Amanda miraba a todas partes, esperando ver a la tortuga mamá, y casi se pierde la aparición de la primera tortuguita. ¡Era tan chiquitina! Se movía muy torpemente, se notaba que era un bebé, pero sin esperar ni a sus hermanos ni a la tortuga mamá comenzó a correr hacia el mar.

México, Medio ambiente, Tortugas

Enseguida aparecieron más y más tortuguitas, y todas comenzaron a correr hacia la orilla.
Ellos seguían escondidos y quietos, observando el bello espectáculo de aquella carrera loca.

México, Medio ambiente, Tortugas

Pero enseguida ocurrió algo que a Amanda le pareció horrible: llegaron algunas gaviotas y otras aves, y comenzaron a comerse algunas de las tortuguitas. Amanda seguía buscando por todas partes para ver si aparecía el papá tortuga y les daba una buena zurra a aquellos pajarracos, pero no apareció por ningún sitio.

México, Medio ambiente, Tortugas

La niña siguió observando todo con una lagrimita en los ojos, y cuando por fin las primeras tortuguitas llegaron al agua y se pusieron a salvo de los pájaros, dió un gritito de alegría. Aunque los pajaros comieron bastantes tortuguitas, finalmente otras muchas consiguieron llegar a la orilla, lo que hizo muy feliz a Amanda.

México, Medio ambiente, Tortugas

Cuando volvían a casa, su papá, que había visto la lagrimita de Amanda, le explicó que las tortugas nacían así; mamá tortuga ponía muchos huevos, escondiéndolos en la arena, y luego se marchaba; y cuando nacían las tortuguitas debían tratar de llegar a la orilla por sus propios medios.

México, Medio ambiente, Tortugas

Por eso nacían tantas, porque muchas se las comían otros animales, y no sólo en la arena, sino también en el agua. Y le explicó que las pocas que conseguían ser mayores, luego vivían muchísimos años.

Tortugas, México, Medio ambiente

Amanda se alegró mucho de aprender tanto sobre las tortugas, pero mientras volvía a casa, sólo podía pensar en lo contenta que estaba de tener una familia, y de que sus papás y sus hermanos la hubieran ayudado y cuidado tanto desde pequeñita.


Autor del cuento:  Pedro Pablo Sacristán.

Imágenes extraidas de "El Comencio.pe"


Publicado por:  Ondine  y  Julls.

jueves, 4 de octubre de 2012

* Un cuento de Hans Christian Andersen *

El traje nuevo del Emperador

Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia. No se interesaba por sus soldados, ni le atraía el teatro, ni le gustaba pasear en coche por el bosque, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos.
Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey que se encuentra en el Consejo, de él se decía siempre:
-El Emperador está en el ropero.
La gran ciudad en que vivía estaba llena de entretenimientos y era visitada a diario por numerosos turistas.
Un día se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las telas más maravillosas que pudiera imaginarse. No sólo los colores y los dibujos eran de una insólita belleza, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de convertirse en invisibles para todos aquellos que no fuesen merecedores de su cargo o que fueran irremediablemente estúpidos.
-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los llevase, podría averiguar qué funcionarios del reino son indignos del cargo que desempeñan. Podría distinguir a los listos de los tontos. Sí debo encargar inmediatamente que me hagan un traje.
Y entregó mucho dinero a los estafadores para que comenzasen su trabajo.
Henry Justice Ford
Instalaron dos telares y simularon que trabajaban en ellos; aunque estaba totalmente vacíos. Con toda urgencia, exigieron las sedas más finas y el hilo de oro de la mejor calidad. Guardaron en sus alforjas todo esto y trabajaron en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.
«Me gustaría saber lo que ha avanzado con la tela», pensaba el Emperador, pero se encontraba un poco confuso en su interior al pensar que el que fuese tonto o indigno de su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que tuviera dudas sobre sí mismo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para ver cómo andaban las cosas.
Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban deseosos de ver lo tonto o inútil que era su vecino.
«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para ver si el trabajo progresa, pues tiene buen juicio, y no hay quien desempeñe el cargo como él».
El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos pícaros, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos.
«¡Dios me guarde! -pensó el viejo ministro, abriendo unos ojos como platos-. ¡Pero si no veo nada!». Pero tuvo buen cuidado en no decirlo.
19- El traje nuevo del emperador
Ilustración de Edmund Dulac
Los dos estafadores le pidieron que se acercase y le preguntaron si no encontraba preciosos el color y el dibujo. Al decirlo, le señalaban el telar vacío, y el pobre ministro seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había.
«¡Dios mio! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No debo decir a nadie que no he visto la tela».
-¿Qué? ¿No decís nada del tejido? -preguntó uno de los pillos.
-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujos y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.
-Cuánto nos complace -dijeron los tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo.
El viejo ministro tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.
Los estafadores volvieron a pedir más dinero, más seda y más oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Lo almacenaron todo en sus alforjas, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en el telar vacío.
Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado del tejido y a informarse de si el traje quedaría pronto listo. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y remiró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.
-Precioso tejido, ¿verdad? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.
«Yo no soy tonto -pensó el funcionario-, luego, ¿será mi alto cargo el que no me merezco? ¡Qué cosa más extraña! Pero, es preciso que nadie se dé cuenta».
Así es que elogió la tela que no veía, y les expresó su satisfacción por aquellos hermosos colores y aquel precioso dibujo.
-¡Es digno de admiración! -informó al Emperador.
Todos hablaban en la ciudad de la espléndida tela, tanto que, el mismo Emperador quiso verla antes de que la sacasen del telar.
Seguido de una multitud de personajes distinguidos, entre los cuales figuraban los dos viejos y buenos funcionarios que habían ido antes, se encaminó a la sala donde se encontraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo afanosamente, aunque sin hebra de hilo.
-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados funcionarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -, y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían perfectamente la tela.
«¿Qué es esto? -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tonto? ¿O es que no merezco ser emperador? ¡Resultaría espantoso que fuese así!».
-¡Oh, es bellísima! -dijo en voz alta-. Tiene mi real aprobación-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío, sin decir ni una palabra de que no veía nada.

Todos el séquito miraba y remiraba, pero ninguno veía absolutamente nada; no obstante, exclamaban, como el Emperador:
-¡Oh, es bellísima!-, y le aconsejaron que se hiciese un traje con esa tela nueva y maravillosa, para estrenarlo en la procesión que debía celebrarse próximamente.
-¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todos estaban entusiasmados con ella.
El Emperador concedió a cada uno de los dos bribones una Cruz de Caballero para que las llevaran en el ojal, y los nombró Caballeros Tejedores.
Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con más de dieciséis lámparas encendidas. La gente pudo ver que trabajaban activamente en la confección del nuevo traje del Emperador. Simularon quitar la tela del telar, cortaron el aire con grandes tijeras y cosieron con agujas sin hebra de hilo; hasta que al fin, gritaron:
-¡Mirad, el traje está listo!
Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros más distinguidos, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:
-¡Estos son los pantalones! ¡La casaca! ¡El manto! ...Y así fueron nombrando todas las piezas del traje. Las prendas son ligeras como si fuesen una tela de araña. Se diría que no lleva nada en el cuerpo, pero esto es precisamente lo bueno de la tela.
-¡En efecto! -asintieron todos los cortesanos, sin ver nada, porque no había nada .
-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad a quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones-, para que podamos probarle los nuevos vestidos ante el gran espejo?
El Emperador se despojó de todas sus prendas, y los pícaros simularon entregarle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes.  Luego hicieron como si atasen algo a la cintura del Emperador: era la cola; y el Monarca se movía y contoneaba ante el espejo.
-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaron todos-. ¡Qué dibujos!  ¡Qué colores!  ¡Es un traje precioso!
-El palio para la procesión os espera ya en la calle, Majestad -anunció el maestro de ceremonias.
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El traje nuevo del emperador, ilustración de Vilhelm Pedersen.
-¡Sí, estoy preparado! -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? -y de nuevo se miró al espejo, haciendo como si estuviera contemplando sus vestidos.
Los chambelanes encargados de llevar la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y siguieron con las manos en alto como si estuvieran sosteniendo algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada.
Y de este modo marchó el Emperador en la procesión bajo el espléndido palio, mientras que todas las gentes, en la calle y en las ventanas, decían:
-¡Qué precioso es el nuevo traje del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué bien le sienta! -nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que no veían nada, porque eso hubiera significado que eran indignos de su cargo o que eran tontos de remate. Ningún traje del Emperador había tenido tanto éxito como aquél.
-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.
-¡Dios mio, escuchad la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo empezó a cuchichear sobre lo que acababa de decir el pequeño.
-¡Pero si no lleva nada puesto! ¡Es un niño el que dice que no lleva nada puesto!
-¡No lleva traje! -gritó, al fin, todo el pueblo.
Aquello inquietó al Emperador, porque pensaba que el pueblo tenía razón; pero se dijo:
-Hay que seguir en la procesión hasta el final.
Y se irguió aún con mayor arrogancia que antes; y los chambelanes continuaron portando la inexistente cola.

Publicado por :  Ondine