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miércoles, 6 de abril de 2016

Abelardo y Eloísa.

Abelardo y Eloísa, dos personajes históricos del siglo XII, han pasado a la historia, más por su famosa y escandalosa relación amorosa, que por la importancia que las teorías de Abelardo pudieran tener en los campos de la filosofía o la teología.
Gracias a esa maravillosa historia de amor también es recordada Eloísa, pues debido a la invisibilidad protagónica de las mujeres a lo largo la historia, si estuviéramos hablando de una dama ilustrada de la época o incluso de la esposa de Abelardo, su nombre ni siquiera hubiera llegado hasta nosotros.
Su historia fue realmente conocida gracias al movimiento romántico que estudió sus cartas y posteriormente las publicó, otorgándoles gran relevancia y popularidad. Hoy en día sin embargo el recuerdo ha quedado reducido y pocos conocen la verdadera historia del gran amor que trascendió y condicionó las vidas de estos dos valientes personajes.

AbelardoMedallón
Pedro Abelardo nació, en el año 1079, en el seno de una familia noble de la Bretaña menor. Su padre, Berenguer, al servicio de Iboel IV Duque de Bretaña, controlaba la zona y sus posesiones desde su castillo feudal en la ciudad de Le Pallet, próxima a Nantes y decidió no privar a sus hijos de la educación. Pedro, el primogénito, seducido por las Letras y el estudio cedió sus derechos de progenitura sobre tierras y vasallos a su hermano menor y dedicó su vida al aprendizaje y posterior enseñanza de la Filosofía y de la Teología, única profesión liberal de la época. Pasó así a convertirse en Pedro Abelardo; nombre, éste último, tomado de la palabra Habelardus (abeja francesa). Anheloso del saber frecuentó escuelas y después de dominar el Trivium y el Quadrivium, a sus veintiún años se dirigió a París donde se encontraban las más famosas escuelas de la época. Asistió a la escuela episcopal, en el claustro de Notre Dame, donde Guillermo de Champeaux impartía sus enseñanzas basadas en las teorías realistas de San Anselmo, distinguiéndose por la sutileza de su discurso y su elocuencia.
A partir de 1102 él mismo empezó a impartir enseñanzas en Melum y Corbeil,  adquiriendo gran fama pese a los enfrentamientos que tuvo con algunos de sus maestros.
JardínMedievalTrovadorDamasEn 1113 le encontramos en París enseñando la lógica peripatética, y planteando doctrinas contrarias a las de su antiguos maestros.
La importancia de Abelardo como filósofo peripatético medieval y teólogo es una cuestión a debate, para unos fue un innovador y para otros no pasa de la mediocridad, aunque se le reconoce una cierta importancia respecto de algunas cuestiones. Según dicen ostentaba el gran don de la elocuencia, destacaba sobre todo en la dialéctica, la lírica y fue considerado uno de los grandes trovadores de la época.
Al parecer sus famosas composiciones de temática amorosa se convirtieron en el entretenimiento de los literatos, las delicias de las mujeres y el idioma secreto de los amantes pues era un gran poeta lírico y un excelente músico.
En 1118 conoció a la joven Eloísa que entonces contaba 17 años. 
Poco o nada sabemos de su familia, únicamente un nombre sin apellido ha llegado hasta nosotros, por lo que desconocemos su origen.
Las crónicas dicen que nació en París y también que recibió una primera educación en el convento de Argenteuil, lo que permite intuir un cierto nivel económico familiar; allí recibiría, sin duda, una formación adecuada a su sexo y al papel que debía asumir cualquier mujer decente de la época: el de esposa y madre; aunque, al parecer, ella supo aprovechar su tiempo dedicándolo a adquirir una formación intelectual que le dio tanta fama como su singular belleza; siendo conocida en todo el reino por su talento e instrucción. 
Lamartine,  en sus estudios sobre el tema incluye algunas de las descripciones que de ella se hacían:
RetratoEloísa
una joven de elevada estatura, cabeza oval ligeramente deprimida por la tensión del pensamiento hacia las sienes; una frente elevada y llana en donde la inteligencia se movía sin obstáculo, como un rayo cuya luz no quiebra ninguna esquina sobre un mármol; unos ojos grandes cuyo globo debía reflejar el color del cielo, una nariz pequeña y un poco elevada hacia la punta, tal como la modelaba la escultura, siguiendo a la naturaleza de las estatuas de las mujeres inmortalizadas por la celebridades del corazón; una boca en la que respiraban libremente, entre hermosísimos dientes, las sonrisas del talento y la ternura del alma.” Los historiadores de la época y el propio Abelardo dicen que en ella cautivaban sus ojos:  “no tanto por su belleza, sino por su gracia, esa fisonomía del corazón que atrae y obliga a amar porque ella ama. Belleza suprema muy superior a la belleza que solo obliga á admirar”.
En 1118 se encontraba en París bajo la tutela de su tío, el canónigo Fulberto; los expertos mencionan la posibilidad de que incluso pudiera tratarse de su padre, quien conocedor de sus grandes dotes intelectuales y su inclinación al estudio consiguió para ella el mejor de los maestros posibles: Pedro Abelardo.
La obra escrita por el filósofo en 1135: Historia Calamitum o Epístola prima, es en realidad una especie de autobiografía, ya que en ella él mismo relata la historia de sus desventuras, en un intento de minimizar las desdichas de un amigo que se quejaba de las propias; lo que nos sirve para conocer los hechos de primera mano.  
AbelardoyEloisaLeighton1882Recuerda que tras una estancia en su Bretaña natal, hacia 1118, regresó a París buscando retomar las enseñanzas de Guillermo de Champeaux, su primer maestro; y que fue entonces cuando conoció la fama que rodeaba a Eloísa; joven maravillosa conocida en todo el reino por su talento e instrucción que estaba al cuidado de su tío el canónigo Fulberto; quién sentía inmenso amor por ella y que conocedor de sus dotes le había permitido progresar en todas las ramas del saber.
Nos habla de ella como de una niña que no estaba mal físicamente, pero sobre todo de la gracia que a esto añadía su dominio en las ciencias literarias, don imponderable y extremadamente raro en una mujer.
Manifiesta claramente sus lascivas intenciones de seducción hacia ella, así como las artimañas de las que se sirvió para llevar a cabo sus planes. Deja claro, también, que en ese momento de su vida se encontraba dominado por la lujuria y la soberbia, y que la gracia divina finalmente le curó de ambas; de la primera al privarle de aquello con lo que la practicaba y de la segunda con la humillación sufrida por la cremación del libro en el que ponía su gloria.
AbelardoyEloisaCormonPetitPalaisConocedor de las debilidades de Fulberto, la avaricia y su sobrina, urdió una trama para conseguir llegar hasta ella y enamorarla, se sabía famoso y atractivo para las mujeres por lo que no albergaba temor al rechazo; su primer paso fue acomodarse en su casa como huésped objetando cercanía a su cátedra y ofreciendo por ello una buena suma que excitara la avaricia del canónigo. Su otra debilidad casi  no tuvo que despertarla pues no encontró dificultades en convencer al canónigo de la necesidad de profundizar en la esmerada educación de la joven; y su asombro no tuvo límites cuando Fulberto sin dar muestra de ninguna sospecha le permitió ejercer sobre ella su magisterio; siempre que le fuera posible, una vez terminada su tarea escolar, tanto de día como de noche y con total autoridad para reprenderla si la encontraba negligente.
De esta manera consiguió mantener un trato más familiar con Eloísa que propiciara sus conversaciones y facilitara su intimidad; pronto los libros pasaron a un segundo plano y los besos comenzaron a ser más frecuentes que las sentencias y pronto las manos del filósofo andaban más cerca de los senos de la joven que de los libros; para describir ¿qué pasó? Pedro Abelardo declara que primero convivieron bajo un mismo techo, para llegar después a convivir bajo una sola alma y parece que ningún grado del amor fue ajeno a los amantes y como eran novatos en ellos se esforzaban en practicar esos goces.
AbelardoEloisasoprendidosFulbertoVignaud1819 Realmente no conocemos las verdaderas intenciones de Abelardo pero a juzgar por sus palabras la realidad es que acabó enamorado de ella. Además este hecho le causó ciertos problemas ya que, al parecer, según cuenta su amor por Eloísa le absorbía tanto que le hacía desatender sus ocupaciones, en las clases, le costaba concentrarse y sus alumnos lo notaban; su mente estaba más con su amada que en sus enseñanzas. Poco después Fulberto, que tuvo más que alguna insinuación al respecto, se enteró de sus relaciones y los amantes tuvieron que separarse estrechándose, sin embargo, aún más sus corazones. Pronto conocieron que sus amores iban a dar fruto, y Pedro Abelardo raptó a Eloísa llevándola a Bretaña a casa de su hermana donde nació Astrolabio.
Las noticias sobre el niño son confusas, algunos indican que murió a edad temprana, aunque otros, como Mr. Héléfé en el "Diccionario de Teología Católica" indica que creció  profesando como religioso y llegó a ser abad del convento suizo de Hauterive.
El rapto de Eloísa colmó el vaso y Fulberto enloqueció entre el dolor y las ansias de venganza. El filósofo comprendió que debía hacer algo para paliarlo y como reparación se ofreció a contraer matrimonio con Eloísa, aunque manifestó su deseo de que se mantuviera en secreto ya que pensaba que podía perjudicarle a nivel profesional.
Contrariamente con lo que se supone habría deseado cualquier mujer, Eloísa no era partidaria de este matrimonio y así se lo expresó a su tío y a su amante/futuro esposo, probando de este modo una heterodoxia impropia de una mujer.
Eloísa demuestra su gran juicio y esmerada educación al elaborar un discurso organizado y lógico en el que introdujo citas, teorías y referencias de personajes destacados en todas la ramas del saber desde la Antigüedad clásica, para explicar el porque de su determinación; posteriormente Abelardo añadirá aquel texto a su obra.
EloisavidamonásticaLaurentXIXAsí pues plantea desde el principio, y el tiempo demostrará que tiene razón en este juicio; que Fulberto, su tío, no va a ver calmada su sed de venganza con el mero hecho de que Abelardo se case con ella; por lo que su matrimonio no va a solucionar su situación. Por otro lado conoce también que su matrimonio perjudicaría profesionalmente a Abelardo y tampoco quiere de ninguna manera ser un estorbo para él, ni privarle de la gloria, ya que ve a su amado como una mente privilegiada capaz de convertirse en el gran pensador de su tiempo; no quería deshonrarle y ser una carga para Abelardo. Cita los consejos que sobre el matrimonio da San Pablo en su primera Epístola a los Corintios: “Estás libre de mujer.. no quieras casarte[…] Quiero que todos vosotros estéis sin preocupaciones”. Así pues San Pablo también consideraba que las mujeres perturbaban la tranquilidad de los hombres y eran una carga para ellos.
Cita igualmente la opinión contraria de sabios y filósofos como Teofrasto de Ereso, peripatético sucesor de Aristóteles que opinaba que ningún sabio debía contraer matrimonio ya que éste creaba intolerantes molestias y continuas inquietudes; y a Cicerón, quien repudió a Terencia y no quiso volver a casarse ya que afirmó que no era posible ocuparse al mismo tiempo de la esposa y de la filosofía. Eloísa argumenta que la vida prosaica de casado y los deberes que exige le impedirían dedicarse a lo que realmente le interesa, la filosofía. Se pregunta si Abelardo podría soportarla y le recuerda a Séneca cuando escribe a Lucilo diciéndole: “No sólo cuando sobra el tiempo hay que dedicarse a la filosofía, sino que hay que desperdiciarlo todo para poder acostumbrarse a esto para lo cual ningún tiempo es demasiado grande.”
Trae también a la memoria de Abelardo la respuesta que Pitágoras ofreció al ser preguntado por su profesión: “Filósofo, es decir amante de la sabiduría”. Y apelando a su condición de clérigo, indica cómo los monjes habían asumido, en su época, la función de los filósofos; viviendo una vida retirada y admirable dedicada al estudio.
Eloísa añade a todas estas razones algunas que la conciernen directamente, piensa que para ella es peligroso regresar a París y que le resultaría más decoroso ser llamada amiga que esposa; ya que el lazo matrimonial la impediría discernir si Abelardo estaba junto ella más por un deber de esposo que por un amor de amante. Afirmaba que una vida en común, como matrimonio, podría acabar con su amor que, sin embargo, se mantendría vivo si los encuentros se hacían a intervalos, haciendo sus gozos más henchidos y agradables.

PublicaciónHistoriaAbelardoEloisaXIXprensa

Cuando a pesar de todos sus razonamientos Eloísa comprende que no ha convencido a Abelardo quién está decidido a casarse, dice refiriéndose a su inevitable matrimonio y casi a modo de premonición: “Una sola cosa resta, para que el dolor que siga a nuestra ruina sea mayor que el amor que la precedió”.
Tras el nacimiento de su hijo éste quedó bajo la tutela de su hermana y ellos regresaron a París donde, en presencia del canónico, contrajeron matrimonio. Abelardo consideraba con esto saldada la afrenta e insistió en mantener el matrimonio en secreto y, conforme a ello, tras la ceremonia cada uno, oculta y separadamente, se fue por su lado. Sin embargo para Fulberto, la situación no cambiaba; pues los amores del filósofo con su sobrina al no conocerse su matrimonio seguían siendo motivo de murmuración y el honor familiar continuaba en entredicho; por ello hacía correr la voz de que eran marido y mujer; ante esto Eloísa fiel a los deseos del filósofo lo negaba rotundamente, por lo que Fulberto comenzó a atormentarla con innumerables ultrajes.
Por ello Abelardo la llevó a la Abadía de Argenteuil de la que había sido alumna, haciendo parecer que había tomado los hábitos. Esto empeoró la situación pues creyeron que quería dejarla en el convento y desentenderse de ella.
Entonces fue cuando Fulberto comenzó a tramar la desgracia de Abelardo y con la ayuda de algunos amigos que sobornaron a uno de los sirvientes del filósofo llevaron a cabo su venganza que de esta forma detalló el propio Abelardo: “me castigaron con cruelísima y vergonzosísima venganza que recibió el mundo con estupor, amputándome aquellas partes de mi cuerpo con las que yo había cometido lo que ellos lloraban.”

CastraciónAbelardoIlustración

Abelardo se sume en una profunda confusión pareciéndole, a veces, su dolor inferior a la vergüenza que siente ante el castigo recibido.
Siendo  consciente de que la Ley de Dios prohíbe la entrada en la Iglesia de aquellos que hayan sufrido este tipo de amputaciones que son considerados inmundos y pestilentes, se pregunta cómo podrá continuar con su vida y presentarse ante el mundo y ante Eloísa.

Poco después ambos tomaron los hábitos, Eloísa en Argenteuil y Abelardo en Saint Denis. Esto supuso largos años de separación y silencio. Hasta que en 1135, por casualidad, cayó en manos de Eloísa el manuscrito con donde Abelardo relataba sus desventuras; su lectura provocó en ella una gran conmoción y, desde luego, fue el detonante para que se decidiera a romper su silencio y a expresarle en sus cartas todo el amor y la pasión que seguía latiendo en ella. Así lo atestigua el inicio de su primera carta: 

"[…] que sólo hallé en ella una circunstanciada relación de nuestros trágicos sucesos. Conmoviose excesivamente mi espíritu y parecíame superfluo hablar allí (para consolar a tu amigo de alguna pequeña desgracia) de nuestros graves infortunios"

El relato de Abelardo no se limitaba a contar sus desventuras en aspectos de su vida personal como pueden calificarse sus amores con ella y a las crueles consecuencias que estos tuvieron para ambos; sino que incluía un detallado informe sobre los enfrentamientos que había tenido y, todavía tenía, con algunos filósofos y teólogos de la Iglesia que habían tenido consecuencias muy negativas en su vida profesional y que, por ello agrandaban si cabe sus calamidades.
EloísaIlustración Las cartas que intercambian los amantes, tras la lectura de Eloísa del manuscrito de Abelardo, demuestran lo dolorosa que la realidad resultaba para ambos y cómo la sobrellevan habitando en la memoria. Frase de Eloísa:

"Me acuerdo (¿acaso se olvida algo a los amantes?) del instante y del sitio en que por primera vez me declaraste tu ternura, jurando amarme hasta morir. Tus palabras, tus promesas y juramentos, todo está grabado en mi corazón."

En este sentido Abelardo reconoce que tras su mutilación no podía soportar la idea de que ella le olvidara y se consolara con cualquier otro; los celos le obligaron a pedirle a Eloísa no sólo que se retirara de la vida mundana sino que además tomara los hábitos, después de ella él hizo lo mismo. 

CenotafioAbelardoEloisaParacletoLas dudas de Abelardo sobre su fidelidad aún la mortificaban ya que su amor era incondicional.

"Me he aborrecido a mí misma por mostrarte mi amor y he venido aquí a perderme por que vivas tranquilo."

Y así Eloísa vive para Abelardo fingiendo que vive para Dios, mientras Abelardo reconoce que su amor por ella también sigue vivo. 
Llega incluso a decir que agradecería la crueldad de Fulberto si al menos cuando le puso en la imposibilidad de satisfacer su pasión, le hubiera permitido dejar de amarla, pues reconoce que su amor por ella en ese momento es incluso más ardiente que antes.


"soy más culpable abrasándome por ti bajo del saco y de la ceniza consagrada a los altares, que lo era por los crímenes que me han acarreado mis desdichas."

Abelardo murió en 1142 y su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de San Marcelo, Eloísa debió pedir ayuda al Abad de Cluni "Pedro el Venerable" para que los restos de Abelardo fueran trasladados al Paracleto, tal cómo el filósofo deseaba y una vez allí Eloísa, veneró sus restos y rogó por su alma hasta su muerte veinte años después en 1163.
JardínMuseoMonumentosFrancesesLenoir
Cuenta la leyenda que cuando abrieron la tumba de Abelardo para depositar junto a él el cuerpo de su amada Eloísa, éste abrió los brazos para recibirla quedando abrazados en la muerte como no pudieron estarlo en la vida.
JardínMuseoMonumentosFrancesesTumbaAbelardoEloisaLenoir
Así permanecieron los esposos durante quinientos años sepultados en las naves del Paracleto, hasta que en 1792, tras la Revolución Francesa, el Monasterio fue vendido como bien eclesiástico siendo trasladada la tumba de Abelardo y Eloísa a Nogent.
En 1800 Luciano Bonaparte inspector de las cartas y monumentos antiguos encargó al artista Lenoir para que transportase el féretro al Museo de Monumentos franceses de París, quién, tras la apertura de la tumba realizó un Álbum con dibujos de los amantes recreados por el artista partiendo de los restos conservados con el objeto de realizar dos estatuas para la nueva tumba parisina, que quedó instalada en los jardines del museo.


TumbaAbelardoEloysaLenoirTumbaAbelardoEloysaLenoir2

En 1815 bajo gobierno borbónico se intentó trasladar la tumba a la Abadía de San Dionisio; pero la opinión pública protestó ya que el monumento era muy frecuentado por los parisinos y estaba considerado como algo integrado en la ciudad; finalmente fue trasladada al cementerio parisino de Père Lachaise donde actualmente todavía puede visitarse.   

TumbaAbelardoEloisaPierreLachiaise
 El Epitafio del cenotafio de Abelardo y Eloísa en el Paracleto rezaba así:

Aquí bajo la misma losa, descansan
 el fundador de este Monasterio:
Pedro Abelardo
y la primera Abadesa, Eloísa,
unidos otro tiempo por el estudio, el talento,
el amor, un himeneo desgraciado y la penitencia.
En la actualidad, esperamos, que una felicidad
eterna los tenga juntos.
Pedro Abelardo murió el 21 de abril de 1142
Eloísa, el 17 de mayo de 1163

Publicado por: Ondine

miércoles, 30 de marzo de 2016

UBUNTU

 Ubuntu en la cultura Xhosa significa: "Yo soy porque nosotros somos." 

Hace algunos años un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana.
Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas.

Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos, corrieron juntos y después se sentaron todos para disfrutar del premio. 
Entonces el antropólogo les preguntó por qué habían corrido así, sabiendo que uno solo podía ganar todas las frutas.

La respuesta de los niños fue: UBUNTU,
¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?

https://fromtheothersideofthedoor.blogspot.com  


lunes, 3 de noviembre de 2014

Mitos y Leyendas: "Ave Fénix"


Según el mito cristiano del fénix se cuenta que en el Edén, debajo del Árbol del Bien y del Mal, floreció un arbusto de rosas. Junto con la primera rosa del árbol, nació un pájaro de un hermoso pelaje y con un canto majestuoso. Esta ave compartía los principios Divinos, por lo que no quiso probar las frutas del árbol, que sí fueron tomadas por Adán y Eva. Cuando ellos dos fueron expulsados del Paraíso, cayó sobre el nido del fénix una chispa de la espada de fuego de un ángel y el pájaro ardió. Pero, de aquellas llamas surgió una nueva ave, otro fénix, con un pelaje esplendoroso de color dorado y carmesí. Por su fidelidad al precepto Divino, se lo premió con la inmortalidad, el conocimiento, la facultad sanadora de sus lágrimas.

Se dice que al estar cerca de su muerte, el fénix vuela por todo el mundo buscando el árbol más alto. Allí, construye su nido y lo rellena con inciensos y plantas aromáticas. Cuando está a punto de morir, entona la más bella de las melodías hacia el Sol y se prende con su fuego hasta extinguirse. De las cenizas que quedan, vuelve a renacer y una nueva Ave Fénix . También se cuenta que lleva el cadáver de su padre, volando por el cielo, hasta el templo del Sol que se encuentra en la ciudad mítica de Heliópolis (antigua ciudad de Egipto) como ofrenda en su altar.

Según la versión del mito que se tome, se dice que vive 500 o 1000 años y que, a ese término, se renueva su ciclo de vida. También se dice que es el dios de las aves, por ser única, sin que exista otra criatura como ella. Está representada en mitos de las distintas culturas como: la china (el Fêng-Huang, que personifica a la emperatriz y junto al dragón, simboliza la hermandad inseparable), la japonesa (el Ho-oo), la rusa (El Pájaro de Fuego, que inmortalizara musicalmente Stravinsky), la egipcia (el Benu), la hindú (el Garudaal, que al alcanzar quinientos años de vida se inmola en vísperas de la primavera en un altar preparado para tal fin), e incluso en los mitos indios de norteamérica (el Yel), o los Aztecas, Mayas y Toltecas (el Quetzal). Fue citado por Hesíodo por primera vez, en el siglo VIII A.C. y más tarde y con más detalle por el historiador Herodoto.

Además de en la ciudad de Heliópolis, Egipto, se lo ha situado en Arabia, donde habitaba cerca de una fuente de agua en la que se bañaba entonando una bella melodía, que hacía que hasta el mismo dios Apolo, según la tradición griega, detuviera su carro para escucharlo. Pero al reiniciar su viaje, las chispas de las patas de sus caballos prendieron fuego al nido y el Fénix pereció en un incendio de perfume y apasionadas canciones. Después de tres días, un Fénix renovado resurgiría de sus escombros para retornar al Paraíso.

Está muy vinculado a la mitología egipcia, donde era llamado Bennu o Fenu, que puede ser traducido como "iluminar" o "brillar", por lo que pudo ser tomado como símbolo de luz y vinculado íntimamente al dios solar Ra. Se creía que para armar el nido de su muerte y renacimiento viajaba hasta Arabia para conseguir las plantas aromáticas que armonizaran el aroma del fuego. Según la leyenda, Bennu se había creado ha sí mismo con el fuego que ardía en el árbol sagrado de uno de los templos consagrados al dios Ra. En otra versión, se dice que surgió del estallido del corazón de Osiris, por lo que también es considerado símbolo de Osiris. En esta cultura el fénix constituía un símbolo de la esperanza y de la continuidad de la vida después de la muerte. También se creía que su carne podía conferir la inmortalidad y que sus cenizas eran capaces de de resucitar a los difuntos. Así también, su llegada y su partida marcaban los ciclos del tiempo.

Los primeros cristianos, influidos por los cultos helénicos, hicieron de esta singular criatura un símbolo viviente de la inmortalidad y de la resurrección. A lo largo de los siglos, el Ave Fénix se convirtió en un símbolo de la resurrección física y espiritual, representando el poder del fuego.

Algunas de las cualidades que se presentan en el mito del fénix son retomados por J.K. Rowling para usar al fénix como una criatura mágica en Harry Potter. Por ejemplo, el poder sanador de sus lágrimas y el renacimiento a partir de las cenizas.

Publicado inicialmente en: http://cuadernoderetazos.wordpress.com/2012/02/16/



martes, 13 de agosto de 2013

La leyenda de las Urracas.


http://culture.workercn.cn/ufile/201208/20120825002104141.jpg

Hoy se celebrá la festividad tradicional china que equivale a nuestro occidental "Día de los Enamorados" es el /qi3qiao3jie2/ que literalmente se puede traducir como "Festividad para mostrar habilidades". En esta fecha la tradición establece que las chicas jovenes deben demostrar sus habilidades domésticas, así como formular deseos para hallar un buen esposo.
Esta  festividad que se celebra el séptimo día del séptimo mes del calendario lunar, tiene detrás una hermosa leyenda que no es exclusiva de China sino que también se extendió a Japón, Corea o Vietnam con ligeros matices; a continuación puden leer dos versiones de esta misma historia, que esperamos sea de su agrado.



* Versión resumida de la leyenda.

En un tiempo remoto, el señor del cielo tuvo siete hijas. La menor de ellas, encargada de tejer para su padre, se enamoró perdidamente del joven pastor responsable de mantener a todas las estrellas en su lugar correcto en el firmamento. Este amor fue correspondido y ambos contrajeron matrimonio.
Sin embargo la unión resultó negativa, ya que ambos jovenes cegados en su mutuo amor comenzaron a descuidar sus deberes,  y con efectos desastrosos para el orden celestial, por lo que el Señor del Cielo se encolerizó y determinó su separación, poniendo a cada uno de los jovenes esposos a un lado del muro que constituye la Vía Láctea, uno en la estrella Vega y el otro en la estrella Altair.
Tiempo después el Señor del Cielo, conmovido por los tristes llantos de ambos amantes tras su separación, accedió a que una vez al año, el día siete del séptimo mes, pudiesen reunirse durante una noche haciendo que todas las urracas del mundo se reuniesen para formar un puente que uniría ambas estrellas (motivo por el que este día también se conoce como "Festival de la Urraca").


Segunda versión de la leyenda.
Hace mucho tiempo existió un pastor huérfano, maltratado por su hermano mayor y su cuñada, que tras el fallecimiento de sus padres, solo recibió un buey viejo.
Aquel pastor trabajaba duro y después de sólo un par de años poseía una pequeña granja y una casa, en la cual contaba con la única compañía de su viejo y fiel buey.  
Un día el buey de repente abrió su boca y habló, diciendo que las siete hijas del Dios Supremo descenderían al mundo para tomar un baño al día siguiente y recomendó al pastor ocultar la ropa de una de ellas para conseguir que ella se convirtiera en su esposa.
El pastor decidió probar suerte durante el séprimo día del séptimo mes lunar, esperó tras un arbusto a lo largo del río. Poco después, siete bellezas celestiales descendieron del cielo y entraron en el río. Fue entonces cuando el pastor tomó la ropa de la tejedora, la hija menor del Dios supremo, y se escapó. Las jóvenes celestiales al escuchar ruidos, se vistieron rápidamente y volaron a casa, dejando sola a la hermana menor.
En ese momento el pastor aprovechó la oportunidad para reunirse con la tejedora y proponerle matrimonio, unos segundos después la joven celestial asintió feliz, al darse cuenta de que su corazón había encontrado a su al hombre que más amaba.
Aquella noche contrajeron matrimonio y durante siete años vivieron felices junto a sus dos hijos. Entonces el Dios Supremo encontró a la tejedora y su familia, y estaba tan furioso con ellos dos por haberse casado sin su consentimiento, que decidió llevarse por la fuerza a su hija y separarla de su esposo. El buey, que había presenciado la escena, le dijo a su dueño que debía matarlo y luego vestirse con su piel, pues gracias ella podría llegar hasta su esposa.
Con mucho pesar el pastor mató al buey, se vistió con su piel, colocó enseguida a sus dos hijos en un par de cestas de mimbre y persiguió al Dios que se había llevado a su esposa.
Al darse cuenta el padre de la tejedora que el pastor estaba cerca, decidió que crear un muro que los mantedría separados para siempre, creo la vía lactea y dejó a cada amante a un lado.
La tejedora volvió entonces a sus tareas y en el taller de tejido celestial creaba cada día miles de nubes, pero estaba tan triste por haber perdido a su esposo y a sus hijos, que incluso las nubes que creaba parecían tristes. Finalmente el Dios Supremo se apiadó de su hija y consintió que una vez al año, el séptimo dia del séptimo mes del calendario lunar, las miles de urracas que estaban notablemente conmovidas por el amor verdadero que unía al pastor y la tejedora, pudieran volar hasta lo alto de la vía lactea para formar con sus cuerpos y alas, un puente que permitiera a los enamorados encontrarse.

Los ancianos suelen contar a los niños chinos, que si llueve mucho durante la noche del Qixi es porque la tejedora está llorando de felicidad por el encuentro con su familia. También se dice que en la noche del doble siete o Qixi no es posible ver a una urraca, porque todas ellas están construyendo un puente en el cielo, y que la prueba real de ello es que al día siguiente, es notable la disminución del número de plumas de las cabezas de las urracas.
Así que la noche del séptimo día del séptimo mes del calendario lunar chino, no te olvides de mirar con cuidado el cielo de verano, pues allí encontrarás al Pastor (una estrella brillante en la constelación de Aquila, al oeste de la Vía Láctea) y a la Tejedora (la estrella Vega, al este de la Vía Láctea) más cerca que en cualquier otro momento del año. 


                                              ♥ 祝大家乞巧节快乐! ♥
                 ♥ ¡Feliz (QiQiaoJie) 乞巧节 para todo el mundo! ♥
 

Publicado  por:  Ondine

martes, 18 de junio de 2013

Hoy cantamos: "Marcha de Osías"

Canción de María Elena Walsh

Osías, el osito en mameluco
paseaba por la calle Chacabuco
mirando las vidrieras de reojo,
sin alcancía pero con antojo.

Por fin se decidió y en un bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.

Quiero tiempo, pero tiempo no apurado,
tiempo de jugar que es el mejor.
Por favor, me lo da suelto y no enjaulado
adentro de un despertador.

Osías, el osito, en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.

Quiero un río con catorce pescaditos
y un jardín sin guardia y sin ladrón.
También quiero para cuando esté solito
un poco de conversación.

Osías, el osito, en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.

Quiero cuentos, historietas y novelas
pero no las que andan a botón.
Yo las quiero de la mano de una abuela
que me las lea en camisón.

Osías, el osito, en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.

Quiero todo lo que guardan los espejos
y una flor adentro de un raviol
y también una galera con conejos
y una pelota que haga gol.

Osías, el osito, en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.

Quiero un cielo bien celeste aunque me cueste,
de verdad, no cielo de postal,
para irme por el este y el oeste
en una cápsula espacial.



Mameluco = pijama de una sola pieza para niños o bebés que cubre hasta los pies.
Raviol (plural: ravioli) = pequeño cuadrado de pasta rellenado de carne o verdura.
Galera = sombrero de copa redondeada.

  Publicado por: Ondine

miércoles, 24 de abril de 2013

Feliz día del libro *(^_^)*


"Cuento del espejo mágico" 
Fragmento incluido en el adorable libro de Michael Ende "Momo" o la extraña Historia de Los Ladrones del Tiempo y de la Niña que devolvió el Tiempo a los Hombres.
 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Pero lo que más le gustaba a Gigi era contarle cuentos sólo a Momo, cuando no escuchaba nadie más. Casi siempre eran cuentos que trataban de los propios Gigi y Momo. Y sólo estaban destinados a ellos dos y eran totalmente diferentes a los que Gigi contaba en otras ocasiones.
Una noche hermosa y cálida, los dos estaban sentados callados en los escalones de piedra. En el cielo brillaban ya las primeras estrellas y la luna se perfilaba, grande y plateada, sobre las siluetas negras de los pinos.
—¿Me cuentas un cuento? —pidió Momo.
—Está bien —dijo Gigi—. ¿De quién?
—De Momo y Girolamo, si puede ser —contestó Momo.
Gigi reflexionó un momento y preguntó:
—¿Y cómo ha de llamarse?
—Quizá... ¿el cuento del espejo mágico?
Gigi asintió, pensativo:
—Eso suena bien. Veamos qué pasa.
Puso un brazo alrededor de los hombros de Momo y comenzó:
«Érase una vez una hermosa princesa llamada Momo, que vestía de seda y terciopelo y vivía muy por encima del mundo, sobre la cima de una montaña, cubierta de nieve, en un castillo de cristal.
»Tenía todo lo que se puede desear, no comía más que los manjares más finos y no bebía más que el vino más dulce. Dormía sobre almohadas de seda y se sentaba en sillas de marfil. Lo tenía todo, pero estaba completamente sola.
»Todo lo que la rodeaba, la servidumbre, las camareras, gatos, perros y pájaros e incluso las flores, todo, no eran más que reflejos de un espejo.
»Porque resulta que la princesa Momo tenía un espejo mágico grande, redondo y de la más pura plata. Lo enviaba cada día y cada noche por todo el mundo. Y el gran espejo flotaba sobre países y mares, sobre ciudades y campos. La gente que lo veía no se sorprendía, sino que decía: "Es la luna"
»Y cada vez que el espejo volvía, ponía delante de la princesa todos los reflejos que había recogido durante su viaje. Los había bonitos y feos, interesantes y aburridos, según como salía. La princesa escogía los que le gustaban, mientras que los otros los tiraba simplemente a un arroyo. Y los reflejos liberados volvían a sus dueños, a través del agua, mucho más de prisa de lo que te imaginas. A eso se debe que veas tu propia imagen reflejada cuando te inclinas sobre un pozo o un charco de agua.
»A todo esto he olvidado decir que la princesa Momo era inmortal. Porque nunca se había mirado a sí misma en el espejo mágico. Porque quien veía en él su propia imagen, se volvía, por ello, mortal. Eso lo sabía muy bien la princesa Momo, y por lo tanto no lo hacía. De ese modo vivía con todas sus imágenes, jugaba con ellas y estaba bastante contenta.
»Pero un día, el espejo mágico le trajo una imagen que le interesó más que todas las otras. Era la imagen de un joven príncipe. Cuando lo hubo visto le entró tal nostalgia, que quería llegar hasta él como fuera. Pero, ¿cómo? No sabía dónde vivía, ni quién era, no sabía ni siquiera cómo se llamaba.
»Como no encontraba otra solución, decidió mirarse por fin en el espejo. Porque pensaba: a lo mejor el espejo llevará mi imagen hasta el príncipe. Puede que mire casualmente hacia el cielo, cuando pase el espejo, y verá mi imagen. Acaso siga el camino del espejo y me encuentre aquí.
»Así que se miró largamente en el espejo y lo envió por el mundo con su reflejo. Pero así, claro está, se había vuelto mortal.
»En seguida oirás cómo sigue esta historia, pero primero he de hablarte del príncipe.
»Este príncipe se llamaba Girolamo y vivía en un reino fabuloso. Todos los que vivían en él amaban y admiraban al príncipe. Un buen día, los ministros dijeron al príncipe: "Majestad, debéis casaros, porque así es como debe ser."
»El príncipe Girolamo no tenía nada que oponer, de modo que llegaron al palacio las más bellas señoritas del país, para que pudiera elegir a una. Todas se habían puesto lo más guapas posible, porque todas querían casarse con él.
»Pero entre las muchachas también se había colado en el palacio un hada mala, que no tenía en las venas sangre roja y cálida, sino sangre verde y fría. Claro que eso no se le notaba, porque se había maquillado con mucho cuidado.
»Cuando el príncipe entró en el gran salón dorado del trono, para hacer su elección, ella pronunció rápidamente un conjuro, de modo que Girolarno no vio a nadie más que a ella. Y además le pareció tan hermosa, que al momento le preguntó si quería ser su esposa.
»—Con mucho gusto —dijo el hada mala—, pero pongo una condición.
»—La cumpliré —respondió Girolamo, irreflexivo.
»—Está bien —contestó el hada mala, y sonrió con tanta dulzura, que el desgraciado príncipe casi se marea—, durante un año no podrás mirar el flotante espejo de plata. Si lo haces, olvidarás al instante todo lo que es tuyo. Olvidarás lo que eres en realidad y tendrás que ir al país de Hoy, donde nadie te conoce, y allí vivirás como un pobre diablo. ¿Estás de acuerdo?
»—Si no es más que eso —exclamó el príncipe Girolamo—, la condición es fácil.
»¿Qué ha ocurrido mientras tanto con la princesa Momo?
»Había esperado y esperado, pero el príncipe no había venido. Entonces decidió salir a buscarle ella misma. Devolvió la libertad a todas las imágenes que tenía a su alrededor. Entonces bajó, totalmente sola y en sus suaves zapatillas, desde su palacio de cristal, a través de las montañas nevadas, hacia el mundo. Recorrió todos los países, hasta que llegó al país de Hoy. A estas alturas sus zapatillas estaban gastadas y tenía que ir descalza. Pero el espejo mágico con su imagen seguía flotando por el cielo.
»Una noche, el príncipe Girolamo estaba sentado en el tejado de su palacio dorado y jugaba a las damas con el hada de la sangre verde y fría. De repente cayó una gota diminuta sobre la mano del príncipe.
»—Empieza a llover —dijo el hada de la sangre verde.
»—No —contestó el príncipe—, no puede ser porque no hay ni una sola nube en el cielo.
»Y miró hacia lo alto, directamente al gran espejo mágico, plateado, que flotaba allí arriba. Entonces vio la imagen de la princesa Momo y observó que lloraba y que una de sus lágrimas le había caído sobre la mano. En el mismo momento se dio cuenta de que el hada le había engañado, que no era hermosa y que en sus venas sólo tenía sangre verde y fría. Era a la princesa Momo a la que amaba en verdad.
»—Acabas de romper tu promesa —dijo el hada verde, y su cara se crispó hasta parecer la de una serpiente— y ahora has de pagarlo.
»Introdujo sus largos dedos verdes en el pecho de Girolamo, que se quedó sentado como paralizado, y le hizo un nudo en el corazón. En ese mismo instante olvidó que era el príncipe Girolamo. Salió de su palacio y de su reino como un ladrón furtivo. Caminó por todo el mundo, hasta que llegó al país de Hoy, donde vivió en adelante como un pobre inútil desconocido y se llamaba simplemente Gigi. Lo único que había llevado consigo era la imagen del espejo mágico que desde entonces quedó vacío.
»Mientras tanto, los vestidos de seda y terciopelo de la princesa Momo se habían gastado. Ahora llevaba un chaquetón de hombre, viejo, demasiado grande, y una falda de remiendos de todos los colores. Y vivía en unas ruinas.
»Aquí se encuentran un buen día. Pero la princesa Momo no reconoce al príncipe Girolamo, porque ahora es un pobre diablo. Tampoco Gigi reconoció a la princesa, porque ya no tenía ningún aspecto de princesa. Pero en la desgracia común, los dos se hicieron amigos y se consolaban mutuamente.
»Una noche, cuando volvía a flotar en el cielo el espejo mágico, que ahora estaba vacío, Gigi sacó del bolsillo la imagen y se la enseñó a Momo. Estaba ya muy arrugada y desvaída, pero aún así, la princesa se dio cuenta en seguida que se trataba de su propia imagen. Y entonces también reconoció, bajo la máscara de pobre diablo, al príncipe Girolamo, al que siempre había buscado y por quien se había vuelto mortal. Y se lo contó todo.
»Pero Gigi movió triste la cabeza y dijo:
»—No puedo entender nada de lo que dices, porque tengo un nudo en el corazón y no puedo acordarme de nada.
»Entonces, la princesa Momo metió la mano en su pecho y desató, con toda facilidad, el nudo que tenía en el corazón. Y, de repente, el príncipe Girolamo volvió a saber quién era. Tomó a la princesa de la mano y se fue con ella muy lejos, a su país.»
Una vez que Gigi hubo concluido, ambos callaron un ratito; después Momo preguntó:
—¿Y después han sido marido y mujer?
—Creo que sí —dijo Gigi—, más tarde.
—¿Y han muerto mientras tanto?
—No —dijo Gigi con decisión—. Eso lo sé exactamente. El espejo mágico sólo hacía a alguien mortal, cuando
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se miraba en él a solas. Pero si se miran dos, vuelven a ser inmortales. Y eso hicieron estos dos.
La luna se veía grande y plateada sobre los pinos negros y hacía brillar misteriosamente las viejas piedras de las ruinas. Momo y Gigi estaban sentados en silencio el uno al lado del otro y se miraron largamente en ella: sintieron con toda claridad que, durante ese instante, ambos eran inmortales.
Autor: Michael Ende
Traducción de Susana Constante
Ilustraciones del autor

Publicado por : Ondine
 

lunes, 1 de abril de 2013

Leyenda: "Amor de Primavera"

Hace muchos años, en un lejano país, vivía una hermosa joven, además, una bordadora primorosa, por lo que muchos hombres ricos la pretendían como esposa, pero ella los rechazaba.

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La muchacha decía: "Sólo me casaré con el hombre que pueda teñir los hilos de rosca de un rosa que no se decolore, además debe tejer diez metros de seda sin uniones”.
A cierta distancia de allí, vivía un joven tejedor. Un día, una avecilla volando se había enredado en su telar rompiéndose un ala.

El muchacho cuidó del pájaro hasta que recobro su salud, después de aquello siempre permanecieron juntos. Así cuando, aún muy joven, sus padres murieron su única compañía fue el pajarillo.
Poco antes de morir, la madre del tejedor había plantado un árbol en el patio de la casa. 
Un día, el pájaro trajo noticias importantes.
– No muy lejos de aquí vive una muchacha hermosísima- dijo el pajarito.- Es una hábil bordadora, y ha dicho que se casará con el hombre que pueda tejer diez metros de seda sin costuras y que tiña el hilo de rosca en un color rosa que no decolore jamás.

El muchacho eligió sus mejores hilos de seda y comenzó a tejer. Para él, tejer diez metros de seda sin costuras no era problema, pero ¿Cómo teñir la seda en el color rosa que no se desluce nunca?...  Afortunadamente, el pájaro tenía la solución.
Condujo al muchacho ante un hada, que vivía en las montañas. Ésta era también una bordadora sin rival y, después de escuchar la historia del tejedor, prometió ayudarle.
   

- Todos los colores palidecen con el tiempo- dijo el hada.
- El único tinte que no pierde color es la sangre. Debes pincharte los dedos y recoger la sangre, después úsala para teñir la seda.
El joven siguió las instrucciones del hada pero, después de siete días, había perdido tanta sangre que apenas podía tenerse en pie. Pero el pájaro le ayudaba, trayéndole alimentos y hierbas medicinales para curar sus heridas. Por fin tras diez días de sufrimientos, los hilos de rosca estuvieron teñidos con un hermoso tono rosa envueltos en un bonito paño.

Acompañado por el pájaro, el muchacho llevó el fruto de su esfuerzo a la casa de la muchacha.
Sus pretendientes ricos estaban también allí, todos habían llevado sus trabajos de seda y los paquetes con hilos de rosca.

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La muchacha recogió los paños de seda y los hilos de rosca. Entonces tomó un pequeño espejo y una aguja, que había heredado de su padre; sostuvo el espejo cerca de la tela y, en la imagen del espejo, vio las costuras de los paños y enhebrando un hilillo rosado en su aguja; vio que el color era pálido.http://us.cdn3.123rf.com/168nwm/lesiles/lesiles0904/lesiles090400038/4706977-mujer-de-vestido-rojo-en-el-lago-en-el-clima-ventoso.jpg
La muchacha repitió estas pruebas con todos los trabajos de los pretendientes, hasta que llego al paño tejido por el joven.Mirando en su espejo, vio que la seda brillaba como la superficie de un lago. Y cuando examinó con su aguja el hilo del tejido, brilló intensamente en un color rosa profundo. Era tan bonito que la muchacha accedió de inmediato a casarse con el tejedor. La gente corrió a felicitar a la pareja, pero los pretendientes ricos despreciados por la muchacha se marcharon muy enfadados.

Uno de estos pretendientes, despechado, fue a ver al rey, un anciano que, debido a su miedo irracional al fuego, nunca había salido de su palacio. A pesar de su avanzada edad, el anciano rey gustaba de la compañía de hermosas y jóvenes muchachas. Al escuchar la historia de la bella tejedora, el rey ordenó que fuese conducida a su presencia.

Cierto día mientras la muchacha estaba ocupada en bordar una camisa de seda, su marido confesó cómo había teñido los hilos de aquel color rosa. Entonces ella emocionada bordó unas flores en la camisa con cinco pétalos como cinco son los dedos, como símbolo de amor a su marido. La camisa era tan hermosa que la gente venia para admirarla. Una mañana acababa de ponérsela cuando aparecieron los soldados del rey, apresaron al tejedor y se llevaron a la muchacha por la fuerza, el pájaro intentó ayudarles, pero fue herido de muerte por un soldado.

El viaje hasta el palacio real era largo y cuanto más se alejaba de su hogar, más desesperada estaba la muchacha. Rasgó las flores bordadas de su camisa y las lanzó al viento y e imploró una petición:
"Por favor lleva estas flores a mi amor”.
El viento cumplió su súplica llevando las flores bordadas hasta donde estaba su esposo. Cuando por fin el tejedor llegó a la casa, se sorprendió al ver el árbol que su madre había plantado cubierto de flores rosas.
La muchacha incapaz de soportar vivir con un rey viejo, se quitó la vida ahorcándose con su camisa de seda. Cuando los soldados llegaron al palacio, fueron convocados ante el rey y explicaron que la muchacha, echando de menos a su marido, se había matado . Al oír esto, el rey se encolerizó tanto que ordenó a sus hombres volver encarcelar al tejedor.

Cuando, a la mañana siguiente, el tejedor volvió junto al floreciente árbol, oyó un susurro en el viento.  "Amor mío, debo ocultar las flores antes de que los soldados del rey las destruyan, tienes que marcharte, huye lejos de aquí ".  Nada más escuchar las palabras soplo un fuerte viento que cambio el color de las flores y se marchitaron.
 
El muchacho decidió ir a la capital, porque todavía esperaba encontrar a su esposa, pero antes, se detuvo en la casa del hada, ésta le dijo:  
-Si quieres ver a tu esposa debes matar al malvado rey pero para tener éxito necesitarás la ayuda del pequeño pajarillo- advirtió el hada.
-Pero el pájaro está muerto. - Se lamentó el tejedor, -no puedo devolverle la vida.
Entonces el hada le dijo: Entierra el cuerpo del ave bajo el árbol que tu madre plantó y cuando llegue la primavera y se levanten los muertos, el pajarillo volverá a la vida.
El tejedor siguió sus instrucciones y, a la primavera siguiente, unos pequeños brotes rosados aparecieron en el árbol. Días más tarde, el pájaro apareció.
Acompañado por el pájaro, el tejedor reemprendió viaje hacia la capital disfrazado como vendedor de carbón y llevando un ramillete de flores rosadas. 
 
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Cuando llego a la corte, el tejedor se acercó a un guardia y solicitó permiso para presentar al rey las flores. El rey ordenó al extranjero que se acercase y se agachó para admirar la frescura de las flores, en ese instante la rama estalló repentinamente en llamas. El fuego quemo la barba del rey y las llamas se extendieron rápidamente por sus trajes hasta abrasarlo.
No era magia, lo que había sucedido es que el astuto tejedor había colocado un pedazo de carbón encendido en el ramillete y al acercarse el rey, había soplado sobre las ascuas, provocando un pequeño fuego que rápidamente prendió sus ropasjes.



El joven encontró la camisa con la que su esposa se había quitado la vida, la enterró bajo el árbol de su madre, y a la mañana siguiente, la camisa estaba cubierta de flores.
El pájaro entonces condujo al tejedor hasta un denso bosque. Dentro del hueco que había en un gran tronco de árbol, estaba el cuerpo de su esposa.
Después el pájaro dio instrucciones: el joven envolvió el tronco en la camisa y de repente, se quebró la madera del tronco en millares de astillas, la joven apareció y caminando se acercó al joven.
El tejedor, su esposa y el pájaro regresaron a su casa impacientes por compartir su felicidad, se presentaron a sus vecinos con las flores rosadas de su árbol.

Estas hermosas flores de color rosa, ahora conocidas como flores de melocotón, son un símbolo de la dedicación y del amor. Y cada primavera reaparecen, al igual que el amor de los fieles amantes.

Fuente: Viaje Universal.com (Cuento de Vietnam)
Pinturas de escenas cotidianas de la vida vietnamita
: www.panorasia.fr - tableaux.com
Publicado por:  Ondine